miércoles, 17 de junio de 2015

LA AUSENCIA DE LUZ


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Maestro llevamos tres días encerrados en esta cueva, la lluvia no ha dejado de caer y el sol no ha podido calentar nuestro cuerpo.
¿Qué clase de prueba es esta?
El anciano salió del rincón donde había permanecido todo el día y se acercó al fuego donde ardían los últimos pedazos de madera, la situación no podía ser más trágica.
Afuera los truenos y rayos se sentían cada vez más amenazantes, las frutas se habían agotados y las hojas que utilizaban para hacer él té, cada vez era más escasa.
El maestro levanto los brazos y ellos pudieron escuchar la palabra que salía en voz fuerte de sus labios.
Tanto el anciano como el joven, procedieron hacer lo mismo y ahora la palabra era pronunciada por los tres al unísono, los cuales hicieron que la cueva se llenara de aquella vibración que llegaba, hasta lo más alto de la montaña.
¡ELOHIM! ¡ELOHIM! ¡ELOHIM!
La cueva queda completamente iluminada cuando aquel rayo cayó sobre aquel árbol destruyendo parte del mismo, la humedad había escapado de aquella rama la cual estaba ardiendo.
Los tres hombres salieron de la cueva para observar como las pequeñas gotas revoloteaban en el aire.
El joven aprendiz de maestro cogió la rama por la parte que todavía no estaba prendida y la arrastro para introducirla en la cueva.
El maestro y el anciano corrieron hacia los árboles frutales los cuales habían dejado en el suelo una gran variedad de ellos, las telas de estos dos hombres pronto estuvieron repletas del alimento que ellos podían cargar y cuando estaban de regreso pudieron ver como el joven corría hacia el valle en busca de algunas hojas que les podría ayudar en la elaboración del cocimiento que tanto a ellos les gustaba.
La lluvia que hasta ahora no se había detenido, ya no estaba cayendo, aunque de sobra sabían, que esto solo era un descanso, producto del llamado que habían hecho.
El maestro dejo en la cueva su preciosa carga y se volvió hacia el anciano para decirle: - Debo de ir en su ayuda, la juventud con su ímpetu no reconoce el peligro y el piso está sumamente mojado y muchas rocas han criado lino suficiente para pisarla y resbalar, sería terrible si algo le sucediera.
El anciano movió la cabeza afirmativamente, en su mente había surgido la misma preocupación cuando vio al joven aprendiz de maestro, salir corriendo para aprovechar la tregua que el tiempo les había proporcionado, sin embargo de sobra sabía que no podía moverse de la cueva, los dolores en los huesos producto de la humedad le estaban causando el moverse con trabajo, había realizado un gran esfuerzo al ir en busca de las frutas y ahora estaba peor que antes.
El maestro sabia por lo que estaba pasando el anciano y por eso se apuró en decirle: - Cuídate y cuida el fuego, mantente lo más cerca de este para que tu cuerpo, absorba el calor que tus huesos necesitan.
El maestro no espero respuesta y salió en dirección donde había visto que se dirigía el joven aprendiz de maestro y tal y como se lo había imaginado, se encontró el mismo tirado a un costado, el fango cubría todo su cuerpo así como parte de su rostro.
El joven se alegró de ver al maestro, el cual le alargo la mano para sacarlo de la posición en que había quedado, al resbalar producto de la prisa.
El joven se apuró en decir: - Quería aprovechar la tregua que nos dio el agua y por lo visto, me olvide que todo está muy resbaloso.
Iremos los dos dijo el maestro y lo vamos hacer despacio, tuviste suerte de caer de ese lado, si llegas a caer del otro, ahora no estarías vivo.
El joven aprendiz de maestro sabía que su vida había estado en peligro, por lo que sonriendo dijo: - Es increíble cómo podemos perder la vida en un momento.
El maestro no respondió, su mirada fue dirigida hacia la distancia donde se veía que la lluvia había aumentado, por lo que se volvió hacia el joven aprendiz de maestro y dijo: - Debemos regresar, prepararemos él te con las cascaras de las frutas, vamos no perdamos tiempo la lluvia esta por regresar, nuestro tiempo de descanso a terminado.
La cueva había adquirido un calor estupendo, la humedad había huido de la misma producto del fuego que mantenía la rama arrancada por el rayo, los tres estaban desnudos y solo cubrían sus partes con la tela que siempre usaban.
El joven aprendiz de maestro había lavado su cuerpo en un chorro de agua que caía a un costado de la entrada a la cueva y su piel había agradecido la limpieza que este le había proporcionado.
El joven dijo: - ¿Se puede decir que hoy nací de nuevo?
El maestro se apuró en contesta: - En verdad nunca estuviste en peligro de muerte, algún día vas aprender a ver el mundo que existe a nuestro alrededor y que nosotros ignoramos.
El anciano dejo de tomar el sabroso te de limón y poniendo la vasija en el piso dijo: - Nuestro mundo es una proyección más y solo vemos lo que nosotros aceptamos como verdadero.
El joven toco el piso de la cueva mientras decía: - ¿Entonces es verdad que nada de esto existe?, solo son moléculas vibrando de forma acelerada para producir una forma.
El anciano se apuró en contestar: - ¡Fácil de decir, difícil de entender!
El joven dijo: - Entonces, ahora entiendo lo que ven, los que entran en un estado alterado de conciencia.
El anciano sonriendo dijo: - Existen muchos estados alterados de conciencia que han producido en la persona una completa demencia.
El maestro dijo: - Nuestra mente ha sido programada para observar un solo tiempo y este ha sido llamado AQUÍ Y AHORA.
El joven aprendiz sonriendo dijo: - Eso quiere decir que si vemos el pasado, junto al presente y el futuro, el efecto que nos produce puede romper el hilo que conduce hacia la sensatez y eso solo tiene un nombre LOCURA.
El maestro continúo diciendo: - Existen casos donde personas han ido por un camino y se han encontrados con ellos mismos viniendo hacia él, este ha pasado por su lado y no se ha dado cuenta de su presencia.
El anciano sonriendo al ver la cara de asombro del joven dijo: - Cuando uno aprende a dominar la técnica de la no presencia, es cuando tú desarrollo, comienza a dar fruto.
El joven asombrado por no haber comprendido bien la analogía dijo: - Entonces tengo que convertirme algún día en árbol que da fruto.
Los tres comenzaron a reírse como hacia largo tiempo no lo hacían.
La alegría de la cueva producía tanto contagio en el ambiente, que el sonido de los pájaros afuera, les estaba diciendo que el sol había vuelto a brotar y que la lluvia había dejado de caer.
Los tres semis desnudos pudieron ver la caída del sol que con la humedad del ambiente había producido un bello arcoíris.
Los tres repitieron al unísono.
TU ESTAS EN MÍ
YO ESTOY EN TI
TU ESTAS CONMIGO.

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