sábado, 14 de marzo de 2015

ÁNGELES Y METAFÍSICA: CLASE 4 (PRIMERA PARTE)

CLASE 4: ENCUENTRO ANGÉLICO II 
(PRIMERA PARTE)


Quien haya experimentado un encuentro con ángeles, si su vida se ha visto alcanzada por el amor angélico, lo primero que sentirá es más amor por sí mismo, como si fuera un ser único y maravilloso. Y además de ese amor ha de sentirse más libre para amar a los demás, a las otras criaturas, por lo hermosa que son (incluyendo a los Ángeles). Y esas personas llegarán a amar la luz, a Dios, porque Dios es el autor de todo amor, la fuente y el objetivo final de nuestro amor.
Claro que uno puede estar tan envuelto en uno mismo, tan dominado por un amor egoísta que cree que somos perfectos, que terminamos por confundirnos al punto de cree que nuestros sueños o percepciones son angelicales. Y si nos amamos de manera tan desordenada, hasta podemos llegar a imaginarnos que un ángel nos ha llenado de amor. Pero si es así como suceden las cosas, entonces advertiremos, observando con cuidado, que esa experiencia no hizo que aumentase nuestro amor por Dios o por nuestros semejantes. Por el contrario, encontraremos que todo nuestro pensamiento se ha centralizado en mí, en el yo, no en los otros.
Cuando el encuentro angélico es auténtico, lo primero que hará será llevarnos a la más profunda meditación y la contemplación de los grandes misterios del universo, pero al final conseguirá que nos volvamos hacia todo lo exterior para amar al mundo con mayor seguridad.
Los milagros se producen con mayor frecuencia de lo que suponemos. No me estoy refiriendo a curas milagrosas de enfermedades mortales, sino a esos pequeños milagros personales de cada uno de nosotros, que sirve de algo así como indicadores que apuntan al hecho de que Alguien nos ama.
Considero que los milagros son recordatorios de que el universo dista de ser un caos imposible de ordenar o reconocer, que hay en él un orden establecido para todo cuanto existe, y que las distintas dimensiones a las que denominamos cielo y tierra no se hallan totalmente separadas. Todos los milagros realizados por los ángeles, no son sino otros tantos signos indicadores del amor de Dios, ya sea que se trate de hechos dramáticos o de fenómenos muy sutiles.



Los Engaños del Oscuro
No me gusta hablar de la oscuridad. Creo que cuanto más aludamos a ella, mayor será el poder que le demos, y perder nuestro tiempo en eso no puede ser sino algo tonto, porque si miramos siempre hacia la verdadera luz, nos veremos colmados de esa luz y la oscuridad perderá toda su fuerza sobre nosotros. Pero también es verdad que ninguno de nosotros es tan perfecto como para contemplar siempre la luz sin trepidar, y no hay persona tan sabia como para que pueda distinguir siempre entre la verdadera Luz y la oscuridad. De modo que se torna necesario establecer algún discernimiento respecto a los espíritus oscuros para que podamos redondear esta presentación.
Los Ángeles caídos existen, son ángeles que por diversas razones han perdido el interés genuino que deben tener los ángeles por la raza humana, por decirlo de alguna manera. La existencia de tales criaturas se ha reconocido desde los tiempos en que el hombre comenzó a escribir en tabletas de arcilla o en láminas de pergamino. Son seres personales, al igual que los ángeles de la luz.
Si bien las filosofías y teologías que a ellos se refieren discrepan de manera radical tanto en el tiempo como en el espacio, resulta importante comprender que, por razones sólo por ellos sabidas, algunas veces deciden hacer notar su presencia (con disfraces que pueden resultar muy auténticos) a fin de llevarnos por mal camino e impedir que sigamos buscando la Luz que es Dios. Tal vez sean exactos ciertos relatos antiguos en el sentido de que tienen celos de los humanos porque Dios nos favoreció incluso por encima de los seres angélicos… pero eso es algo que no puedo afirmar.
Con todo, si bien no es lo común, se sabe que los ángeles de la oscuridad se disfrazan para hacerse pasar por ángeles del cielo. Es por tal razón que muchos místicos que han tenido frecuentes encuentros con los Ángeles – como por ejemplo San Juan de la Cruz y más recientemente el Padre Pío, un sacerdote italiano que muestra los estigmas -, siempre han desconfiado de sus encuentros, tanto si se trató de un ángel o de otro ser humano (como por ejemplo la Virgen María ) o incluso del propio Dios.
El temor ante la posibilidad de no estar en condiciones de distinguir la Luz de la oscuridad ha impulsado a más de uno a evitar por completo los encuentros con ángeles. Todavía hoy, son muchos los que aconsejan tener muchas precauciones con el tema de los encuentros angélicos, en razón de que los poderes de engaño del oscuro son muy grandes.
Quiero decir que los ángeles de la oscuridad, sólo hasta cierto punto están en condiciones de falsificar a los verdaderos Ángeles de la Luz. Es que directamente no tienen en su interior capacidad para que una persona pueda desarrollarse en dirección a la Luz, como tampoco para sentir amor y gozo verdaderos, por la sencilla razón de que ya han dejado de saber qué son esas cosas. Son incapaces de producir nada que no sean frutos falsificados, que pronto se destruyen, se pudren y se vuelven amargos.
Por lo general, ni siquiera intentan conquistar nuestra mente por medio del mal en sí mismo. Nos seducen para llevarnos a la adoración de nosotros mismos y de los dones de que disponemos, tal como si nos hubiésemos creado solos y nos hubiéramos dado todas esas capacidades de que disponemos. En lugar de volvernos hacia la Llama que es Dios, nos engañan induciéndonos a penar que esas pequeñas lenguas de la Llama que ilumina y da calor a nuestro espíritu son ellas mismas la verdadera Luz, la auténtica llama.
En todos los casos, cuando nos volvemos hacia la Luz , la oscuridad pone pies en polvorosa, y creo que es todo cuanto debemos saber sobre esta cuestión, a menos que tengamos que tratar con ellos o seamos sencillamente unos tontos.


EL TEMOR Y EL MIEDO
Lo contrario del amor, en cierto modo, no es el odio sino el miedo, el temor. Porque el odio no es nada tangible, es un vacío que significa la total ausencia de amor, un cero absoluto en la escala de amor. El miedo en cambio, es otra entidad: es lo que cualquiera de nosotros experimenta cuando no confía en el amor que alienta en nuestro corazón. Y por cierto que en estos días nuestras muestras de confianza son muy escasas.
No creemos en nuestros hijos ni en nuestros cónyuges, en nuestro trajazo y ni siquiera en nuestro país. Como resultado de todo ello, podemos llegar a estar tan colmados de temores, incertidumbres y ansiedades, que al final nuestra vida se paraliza… Pero es imposible transformarlos.
Nos sentimos descontrolados, o creemos que nos controla nuestra vida y no al revés. Queremos tocar a nuestros ángeles y sentir que ellos a su vez nos tocan, porque sentimos que no los afectan nuestros miedos: ellos creen y confían en el Amor, del cual son sin la menor duda sus servidores.
De modo que, para nosotros, los ángeles constituyen una fuente de paz y tranquilidad que por todos los medios tratamos de asumir y aprender de ella. Muchas personas son llevadas a alcanzar esa serenidad total que gobierna al ser angélico tratando de compartirla o comprenderla para que también peda bendecir sus vidas.
Desde luego, habrá algunos que quieran llegar demasiado lejos, gente que no desee tomar el control de su vida sino que se alegraría de que la gobernasen totalmente los ángeles. Se trata en esos casos de sujetos cuya personalidad es tan frágil, o ha sido tan sacudida, que para cualquier actitud que tomen tienen necesidad de que alguien los guíe y con todo gusto se apoyarían en los ángeles. También esas personas buscan entrar en contacto con sus ángeles.
Asimismo, para algunos, los ángeles constituyen una suerte de figuras sustitutivas de Dios. Muchos adultos consideran que el moderno concepto de Dios les resulta inaceptable, o harto impersonal y distante, como tampoco aceptan que, según la antigua doctrina, Jesús sea Dios bajo una forma humana, personal y accesible. Sin embargo, la búsqueda de Dios forma parte de nuestro ser más interior. Es universal la necesidad de estar unidos a nuestra Fuente.
Tales personas ven con frecuencia en los ángeles aquello que aún no pueden percibir en Dios: amor personal que surge en ellos porque han sido tocados; una sabiduría que no reconoce tiempos y los alcanza para enriquecerlos; una fuerza increíble elaborada para inspirarlos.




TRABAJO CONJUNTO
Los convoquemos o no, los ángeles están con nosotros en nuestra vida cotidiana, dispuestos, deseosos y encantados de ayudarnos. No importa lo que hagamos: meditar, hacer compras, conducir el auto o bucear a profundidad, ninguna tarea es demasiado pequeña, ningún objetivo demasiado grandioso como para no merecer su afectuosa atención.
Ahora veremos algunos ejemplos de las maneras en que nuestros compañeros celestiales acompañan y animan las actividades cotidianas, y de cómo puedes solicitar su ayuda para alcanzar tus objetivos.
Algunos libros contemporáneos sobre los ángeles se concentran en las intervenciones milagrosas, incidentes en que se salvaron vidas y se evitaron calamidades. Aunque son apasionantes, indiscutiblemente, esos acontecimientos suelen producirse sólo una vez en la vida, sin embargo los ángeles están muy presentes y disponibles para todos y cada uno de nosotros, todos los días y no sólo en ocasiones especiales.
Por dispuestos que estén a ayudarnos, los ángeles no son hadas de la buena suerte que toquen tu copa con una varita mágica y te otorguen todos tus deseos. Pueden ayudarte a alcanzar lo que desea tu corazón, pero no crear tu destino. Eso sólo pueden hacerlo Dios y tú. Lo que hacen los ángeles es servir a Dios mediante cada uno de nosotros. En realidad, más de uno de nuestros invisibles ayudantes nos han sugerido, en muchas ocasiones, que los humanos somos las manos de los ángeles y la voz de sus mensajes inspirados.
Cuando aprendes a conversar con tus ángeles, entras en una asociación de trabajo con ellos. Un socio es alguien que trabaja contigo, que comparte tu alegría, te arroja la pelota y te respalda en tiempos de vacas flacas. Para desarrollar esa sociedad, basta con acordarte de pedir ayuda a tus ángeles, y con frecuencia se te presentarán cuando realmente los necesites, aunque hayas olvidado llamarlos.
Pide a tus ángeles que te acompañen durante tu vida cotidiana. Pídeles que te aquieten o te guíen las manos cuando hagas algo que requiera habilidad y precisión. Pídeles que te conduzcan a alojamientos adecuados si estás en una ciudad que no conoces. Pídeles que aseguren un viaje y un regreso sin peligros y que faciliten los trasbordos cuando viajéis, tú o tus personas queridas. Cuando quieras expandir tus conocimientos, tu capacidad o tus habilidades, no dejes de pedírselo a tus ángeles.
Uno de los beneficios de recurrir a los ángeles es que el acto de pedir elevará tu manera de encarar las cosas. Al refinar tu actitud, al abrirte a la afirmación y a un punto de vista positivo, realizas tus posibilidades de éxito en todo lo que haces o deseas lograr. Al visualizar el mejor resultado posible, atraes las energías positivas para que fluyan hacia ti.
Desde los tiempos más remotos, la gente ha trabajado con las energías positivas para crear lo que deseaban en el plano físico. Como resultado han crecido culturas y civilizaciones. A lo largo de milenios, ciertas maneras de operar energéticamente han resultado invariablemente efectivas para el propósito de la manifestación. Reciben distintos nombres de los diferentes sistemas y escuelas de pensamiento; algunos cambian el orden de la ejecución. Pero las leyes o pasos siguen siendo los mismos. En realidad son muy simples y, con ayuda de tu ángel, puedes utilizarlos para alcanzar tus objetivos.
Si bien hay muchas variaciones y agregados al proceso de manifestación, existen sólo cinco principios que se aplican universalmente. Con la asistencia angélica puedes ampliar notablemente el poder de estas leyes, porque la naturaleza angélica contiene un ingrediente vital para la manifestación: una amorosa aceptación. Como los ángeles existen en un plano de pensamiento superior, más próximo al reino de la Fuente Creativa , pueden ayudarte a sembrar tu meta en la dimensión donde el pensamiento es, realmente, creación.



1)          El primer paso en la manifestación es la intención. Tomas la decisión consciente de tener lo que deseas. Si no estás segura de desearlo de verdad, dedica unos minutos a imaginarte teniéndolo. Si no puedes visualizar o sentir cómo es, quizás no lo quieras del todo. O tal vez no crees poder tenerlo. A veces dejamos de desear algo cuando pensamos que no podemos tenerlo, aunque no dejemos de quererlo, por supuesto; simplemente, negamos el deseo. Con frecuencia, el miedo a la desilusión debilita la intención. Tenemos miedo de no conseguir lo que deseamos. Este miedo se crea en la sensación de poco valer.
2)          El segundo paso para alcanzar tu meta es el compromiso de obtenerla… y estar dispuesto a aceptar todo lo que te traiga. Tienes que estar segura. Nada de melancólicos “tal vez” o “si yo pudiera”. Nada de ambivalencias. Este paso requiere que concentres tu intención y experimentes la convicción de que puedes tenerlo. ¿Alguna vez obtuviste algo que deseabas desesperadamente, sólo para descubrir que, después de todo, no lo querías? ¿O no supiste qué hacer con lo obtenido? La culpa está en la falta de compromiso.
3)          El tercer paso requiere afirmación: reclamar lo que deseas utilizando una visualización, afirmándolo en voz alta y escribiéndolo o dibujándolo. Puedes hacer cualquiera de estas tres cosas, pero cuantas más hagas, mejor, porque cada una activa tu intención y comienza a establecerla en el reino físico. Para visualizar el logro de tu objetivo experiméntalo tan plenamente como puedas, por medio de tantos sentidos como te sea posible: debes verlo y sentirlo, oírlo, tocarlo y hasta degustarlo, si se puede.
Afirma lo que deseas diciendo en voz alta: “Ángel quiero tener…. “. Recuerda las palabras de la Biblia : “En el principio fue el verbo”. El sonido de tu voz crea una onda y el poder de tu intención la claridad de tu visualización, dan esa onda potencia y duración.
Algunas personas hacen un mapa del tesoro de lo que desean, recordando figuras que ilustren su meta y pegándolas en una hoja de papel o cartón.
Cada uno de estos actos reforzará tu convicción interior, iniciando la realización de lo que desea. Estás co-creando con nuestro Creador, con la ayuda de tus bienamados ángeles. Tu parte consiste en concebir todo el cuadro y cómo quieres que sea.
4)          El cuarto paso es la gratitud, dar gracias por la manifestación, como si ya se hubiera producido. Existe ya en otra dimensión, que es familiar a nuestros alados colegas. Sé generosa con tu agradecimiento y tus alabanzas a la Fuente de Todo.
5)          El quinto paso es el más difícil: el desprendimiento. Tienes que liberar tu meta hacia el Universo, para que este pueda hacerse cargo y entregar lo que has pedido. Cinco breves palabras te ayudarán a recordarlo: “Déjalo y deja a Dios”.

ÁNGELES Y METAFÍSICA: CLASE 3 (SEGUNDA PARTE)



INVOCACIONES Y ORACIONES
Voy a darte una serie de oraciones e invocaciones provenientes de las más diversas fuentes.
Muchas de ellas proceden de los libros de Hodson que, como ya hemos visto, tenía mucha familiaridad con los Ángeles.
Elegí aquella que más se acomode a tu modo de ser, repítela y, si es posible, fotocópiala y divúlgala. Así te convertirás en colaboradora activa en la construcción del famoso puente entre nosotros y Ellos.
Pero casi tengo la certeza que, si has llegado en tus estudios a esta parte, ello significa que, desde hace ya mucho tiempo estás trabajando en la construcción de aquel famoso puente, mucho más de lo que tu memoria logre recordar.
ORACIONES
A los Ángeles Sanadores
¡Os Saludo, Devas de la sanación!
Venid en nuestra ayuda.
Verted vuestra energía curativa
Sobre este hermano nuestro.
Colmad cada célula de fuerza vital.
Dad a cada nervio la paz.
Aplicad los sentidos torturados.
La onda de vida que sube
Lleve calor a cada fibra
Mientras el cuerpo y el ánima son restaurados
Por vuestro poder sanador.
Dejad que un ángel vele,
Que conforte y proteja
Hasta que la salud retorne.
Un ángel que rechace todo mal
Y acelere el retorno de la fuerza
O acompañe a la Paz si la Vida se ha acabado.
¡Os saludo, Devas de la sanación!
Venid en nuestra ayuda
Compartid con nosotros las fatigas de la Tierra
Para que Dios se despierte por medio del hombre.
A los Ángeles de la Naturaleza
¡Os saludo, Devas de la Tierra y del Cielo!
Venid en nuestra ayuda.
Dad la fertilidad a nuestros campos,
Desatad la vida en todas nuestras semillas,
Que nuestra tierra puede ser fecunda.
¡Os saludo, Devas de la Tierra y del Cielo!
Venid en nuestra ayuda
Compartid con nosotros las fatigas de la Tierra
Y que la Divinidad interior sea liberada.


MEDITACIÓN PARA CONECTARNOS CON NUESTRO ÁNGEL GUARDIÁN
1)          Siéntate cómodamente frente a plantas y flores, obsérvalas, conéctate con la belleza de la naturaleza que se encuentra frente tuyo. Inspira esa belleza y siente como esta energía de la belleza llega a tu corazón.
Desenfoca la vista y comenzarás a ver una luminosidad que irradian las plantas que se encuentran frente tuyo. Inspira profundamente y siente como esa energía, con cada inspiración llena tu corazón y comienzas a sentir una sensación de amor que sale de tu corazón, pasando por tu cabeza y se conecta con la planta que se encuentra frente tuyo, y la sensación de amor sigue creciendo.
2)          Plena de energía de Amor cierra tus ojos e imagina el cielo estrellado a tu alrededor, imagina que todas las estrellas se conectan contigo. Inspira profundamente y siente como el Amor en tu interior crece.
Siente como esa energía sale de vos a través de todos tus poros e ilumina tu cuerpo energético, va hacia el cosmos y regresa llenándote de más Amor.
Tu ser está conectado con el universo, pleno de energía.
3)          Visualiza sobre tu cabeza la imagen de un Ángel. Imagina que la luz que sale desde el centro del corazón del Ángel es blanca y dorada. Inspira y siente como esta luz cubre tu cabeza y tu rostro. Comenzarás a sentir un cosquilleo en tu coronilla, un tibio calor que te envuelve.
Inspira aún más profundamente y siente que esa luz llega a tu corazón. Siente paz y alegría plena. Cuando sientas esto pide a tu Ángel que te dé una muestra de su Amor generando una coincidencia favorable para vos y hace un pedido simple para sentir su acción en tu vida.
4)          Lleva tus manos hacia el corazón en señal de agradecimiento a Dios y a tu Ángel. Conserva lo más posible el estado de felicidad que está en vos en espera de la señal que le pediste a tu ángel. Una vez que sientas la presencia de tu ángel y su acción en tu vida, te encuentras preparada para profundizar aún más esa relación y transformarte en un canal de la luz del Reino Angélico en nuestra tierra.
No está demás que antes de dormir repitas la tradicional plegaria de nuestra infancia: “Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”, solamente para que nuestro protector sepa que lo tenemos presente.

miércoles, 11 de marzo de 2015

EL PRINCIPE DEL REINO DE LA LUZ (FINAL)

EL PRINCIPE DEL REINO DE LA LUZ (FINAL)







Capitulo Tercero
Descenso a la Tierra: Segunda Caida
Después de mucho tiempo de caminar y preguntar por todas partes y a todas las personas que encontraban llegaron al fin a un lugar en donde había gente apesadumbrada, cosa muy extraña en el Reino de la Luz, por lo que preguntaron qué es lo que ocurría a una persona que parecía la menos afectada.
Esta les contó que acababan de asistir a una ceremonia de Oscurecimiento y al ver que tanto Oro como Buscador desconocían todo respecto a tal ceremonia se puso a explicarles lo que sabía en lo referente a ello.
-Debéis saber primero que, debajo de nuestro reino, se encuentra otro mundo totalmente distinto al nuestro, mucho más denso y pesado. Este mundo recibe varios nombres pero el más conocido por nosotros es Gea, aunque el nombre por el que es conocido por sus habitantes es el de Tierra....
Tanto Buscador como oro dejaron escapar una exclamación al unísono.
-¡La Tierra!
-Ah, pero ¿ya la conocíais?
Buscador contestó que no la conocía pero que era precisamente lo que andaba buscando desde hacía largo tiempo para poder ir allí. En realidad desconocía que tipo de lugar era la Tierra.
Oro, en cambio agregó algo que Buscador mismo no sabía.
-Yo si que conozco la Tierra, pero en realidad la conocía con otros nombres. Mi padre, el Gran Arquitecto debe bajar a menudo a ese otro mundo para dirigir a los constructores que trabajan allí y algunas veces le he acompañado. Yo la conocía con el nombre de Gea, la novia.
-Entonces sabrás que la Tierra es un lugar oscuro para nosotros, un lugar con falta de luz e incómodo para nosotros. El vivir en ella es realmente difícil pero también muy enriquecedor por la experiencia que lleva el tener que trabajar y vérselas con la materia de que está hecha ese mundo; como ya he dicho es mucho más densa que nuestro mundo y no es tan fácilmente moldeable como la nuestra. A pesar, pues, de las dificultades, vale la pena el descenso a la materia terrestre para adquirir el bagaje de experiencia y conocimiento de la vida en ella aporta al ser de luz que lo realiza. De todas maneras, existen dos formas de bajar a la Tierra, una de ellas es para aprender y coger conocimiento de la experiencia material y otra es para aportar el conocimiento que ya se tiene en este reino a los que viven en la Tierra. La segunda manera es la que decís que conocéis, es la manera utilizada por los ciudadanos del Reino que bajan a la Tierra a realizar un trabajo temporal de ayuda, como el Gran Arquitecto o que descienden con una misión concreta encomendada por el Rey, como es el caso de Servidor. Este último es quién mejor se conoce a la Tierra puesto que constantemente está en ella por su misión, se la conoce tanto que incluso se le ha llegado a poner el apodo del Señor de la Materia en la misma Tierra.
La primera manera es la que acabo de contemplar ahora mismo, es el descenso a la Tierra de un ciudadano del Reino de la Luz que quiere aprender de la vida en la Tierra y para ello no tiene más remedio que pasar un tiempo en ella adoptando los usos y costumbres que existen allí, aunque puedan resultar enojosos y molestos.
-Pero porqué hay tanta gente triste aquí, raramente en el Reino hemos visto tanta pesadumbre.
-Esto es porque a los que descienden a la Tierra les acecha un peligro y es el de que debido a la falta de luz que impera en ella terminen por oscurecerse y ensombrecer su propia luz. Si así ocurre, al Reino de la Luz, debiendo pasar muchísimo tiempo antes de que las propias experiencias duras de la Tierra les devuelvan la memoria. Lógicamente tanto los familiares como los amigos, conscientes de estas dificultades, suelen estar tristes y preocupados por quien desciende a la Tierra.
Buscador se dio cuenta de que era esa la manera que andaban buscando para bajar a la Tierra y a pesar del lógico miedo que le entró al oír todo lo que se contaba de la bajada a la Tierra, tomó la decisión de participar en una ceremonia de Oscurecimiento.
Antes de ello, tanto él como Oro se informaron todo lo que pudieron sobre lo que se sabía acerca del lugar llamado Tierra, sus peligros y sus ventajas.
Después de mucho deliberar y hablar entre ellos decidieron que era mejor que bajara uno solo, para evitar que el olvido de la misión que solía ocurrir a quien se Oscureciera les impidiera llevar a cabo la tarea que se habían propuesto.
Era evidente que quien tenía que bajar era Buscador, puesto que a él concernía principalmente su búsqueda. Y quien se quedaría sería Oro, esperando y vigilando su vuelta.
Gracias a su sabiduría, Oro sabía que había varias maneras de mantener contacto con quien quisiera por muy lejos que estuviera y la más fácil era en los sueños de la persona a la que quisiera explicar algo a distancia.
Así se lo explicó a Buscador y le prometió que siempre estaría en contacto con él de todas las maneras que supiera.
En primer lugar, en sus sueños él le hablaría y aconsejaría, sólo debería recordar los sueños y hacerles caso. En segundo lugar, intentaría hablarle directamente a su mente lo más a menudo que pudiera, sólo debería intentar escuchar atentamente sin hacer ruido él en su cabeza. Y en tercer lugar, si lograba mantener su vista lo suficientemente clara y su cabeza bastante lúcida, aún después de Oscurecido, era fácil que lograra verlo más de una vez.
Buscador, asimiló tan profundamente como pudo LAS ENSEÑANZAS Y LECCIONES DE Oro decidido a no olvidarlas jamás; recibió las preparaciones necesarias para la ceremonia y fue hasta el lugar preparado para los Oscurecimientos.
Dicho lugar no aparentaba nada especial, exceptuando que había una escalera que descendía hacia el suelo, dando la impresión de que se fundía con él hasta hacerse invisible del todo. Les explicaron que era una escalera que conducía hasta la Tierra y que a medida que descendía se iba haciendo más y más oscura, perdiendo su luz y quien descendía por esa escalera también iba oscureciéndose.
Junto con Buscador iban dos personas a acompañarle hasta la Tierra pero luego ellas le dejarían en el umbral y volverían rápidamente al Reino de la Luz. Una de estas personas sería Oro y otra, el ser de luz que estaba al cargo de dicha ceremonia.
Incluso a esta persona, que estaba muy preparada para ello, el bajar por estas escaleras le afectaba bastante y era sustituida cada cierto tiempo por otra para que pudiera descansar en el Palacio Brillante por un tiempo y recuperar la luz perdida en cada descenso a la Tierra.
De nuevo, Buscador volvió a sentir miedo ante lo tenebroso y sombrío de la experiencia terrenal pero sacando fuerzas de flaqueza, empezó a bajar por la escalera que descendía a la Tierra.
El descenso se realizó en el silencio más absoluto y le pareció interminable. A medida que iban bajando la oscuridad se hacía cada vez más impenetrable, era más difícil el distinguir los contornos de la escalera e incluso a sus acompañantes. De no ser por ellos, por su presencia a su lado, seguramente hubiera dado media vuelta y subido de nuevo al Reino de la Luz abandonando su búsqueda totalmente.
El miedo fue aumentando en Buscador hasta hacerse opresivo y casi resultarle difícil el respirar. Entonces fue cuando llegaron al término de la escalera y delante de ellos en medio de la espera negrura que los envolvía se presentó una abertura ligeramente luminosa, y al pasar por esa abertura salieron a una cueva.
En esa cueva hacía un agradable calor y por todas partes se veían materiales extraños para Buscador, también se oían voces como si vinieran del exterior de la cueva.
Por primera vez desde que abandonaron el Reino de la Luz el acompañante habló dirigiéndose a Buscador:
-Esta es la antesala de la Tierra, en ella deberás preparar un cuerpo con el que entrar en ella. Como ya habrás comprendido, la Tierra es un lugar muy extraño y difícil de vivir en él para un ser de Luz como tÚ; para poder ir allí debes adaptarte a sus costumbres y por eso debes ponerte un vestido como los que se usan en la Tierra. Aquí hay todos los materiales necesarios para hacer ese vestido, y tanto Oro como yo te ayudaremos a hacerlo y evitar que te equivoques por tu falta de experiencia. Pero aún con nuestra ayuda, quién debe hacer el vestido eres tú.
Dicho esto, empezó la tarea de enseñarle cómo hacerse un vestido con los materiales de que disponía y con las medidas que debía tener para poder entrar en la Tierra.
A Buscador le extrañaban mucho las voces que oía tan a menudo y al ver que su acompañante no les hacía caso alguno se decidió a preguntar por ellas.
-¿Qué son estas voces y qué significan, están en un lenguaje que no entiendo en absoluto? ¿De quién son?
-Son de los que se cuidarán de ti en cuanto llegues a la Tierra, los que serán tus padres en ella. Ya saben que vas a ir y están esperándote. No te preocupes porque no les entiendas, ya verás que en el tiempo que vamos a tardar en fabricar el vestido y ponerlo todo en orden acabarás por entender perfectamente lo que dicen.
Y terminado de decir esto, se volvió a enfrascar en el trabajo.
Tenía toda la razón, aún con la ayuda de los dos, Buscador tardó mucho tiempo en terminar su nuevo vestido. Tuvo que probárselo muchísimas veces y durante un tiempo además tuvo que adaptarse a esas medidas que le iban bastante estrechas para sus medidas habituales. Es normal, para un ciudadano del Reino de la Luz que mida tres metros o más y ahora se le exigía que se metiera dentro de un vestido que no medía más de medio metro, menos mal que al estar hecho de luz podía encogerse tanto como quisiera; pero, aún así, le molestaba bastante el tener que hacerlo y se quejó de ello varias veces. Siempre obtuvo la misma contestación:
-Ir a la Tierra requiere gran dosis de paciencia y abnegación. Tú lo has decidido, tú lo has de soportar.
-Durante ese tiempo, Oro le siguió aleccionando sobre lo que debería hacer en la Tierra y sobre todo le recalcaba la necesidad de acordarse de conectar con él cada vez que tuviera necesitad.
Y llegó el tiempo en que estuvo totalmente listo el vestido y se le dieron las últimas instrucciones:
-Mi misión termina aquí, te he ayudado a construir el vestido y ahora deberás aprender a usarlo. Cuando vuelvas a esta cueva encontrarás a otro que te ayudará a desmontar el vestido y dejar los materiales listos para que otro los utilice y te acompañará de subida de nuevo al reino de la luz. Allí te veré de nuevo. Hasta entonces, que la Luz te acompañe.
Y Oro también se despidió de él:
-Yo también subiré ahora al Reino de la Luz, pero desde allí seguiré tus pasos e intentaré guiarte siempre que lo necesites, recuerda mis instrucciones. Que la Sabiduría te guíe.
Con un fuerte abrazo se despidieron sus acompañantes y sin decir nada más desaparecieron de su vista subiendo por la escalera.
Se encontraba sólo, sin saber que hacer y realmente muy asustado; después de pensárselo un largo rato decidió dar el paso y salir por la otra abertura luminosa que había en el fondo de la cueva y que ahora daba la sensación de que se había agrandado para dejarle paso en su nuevo cuerpo.
Habría que puntualizar que esa abertura era luminosa en comparación con la negrura que le rodeaba pero que no lo era en absoluto si se comparaba con la luz que existía en el Reino de donde él venía.
Empezó a salir por la abertura hacia la luz y sin darse cuenta cayó por el último escalón que había antes de la salida.
Salió rodando por el agujero y perdió nuevamente el conocimiento. Cuando despertó no recordaba nada de quien era, que buscaba ni donde estaba.
Solo recordaba haber tenido mucho miedo y encontrarse en un lugar que estaba terriblemente oscuro.
Al recordar esto rompió a llorar:
Había nacido.
Autor: Josep Gimbernat.

EL PRINCIPE DEL REINO DE LA LUZ (CUENTOS Y LEYENDAS PARA REFLEXIONAR......(SEGUNDO CAPITULO)




Segundo Capitulo.
El desvanecimiento fue lo que provocó su caída y esa caída fue realmente el grave daño que sufrió puesto que al recobrar el conocimiento, el Hijo del Rey había olvidado quién era y qué hacía allí.
No recordaba nada en absoluto, ni que era el Hijo del Rey, ni que había descendido del Palacio Brillante para mezclarse con sus ciudadanos y conocer mejor su reino, ni cómo se llamaba. Nada de nada. Había perdido su mejoría, había perdido su identidad.
La Busqueda en el Reino
Una vez totalmente recuperado del desvanecimiento y aún doliéndole la cabeza empezó a deambular por el paisaje que había delante suyo, sin comprender nada ni acordarse de cosa alguna referente a él, hasta que llegó a un camino y se sentó en unas rocas que habían a su lado.
Al poco rato vio que se acercaba un grupo de gente por el camino y, cuando llegaron a su altura, se dirigió a uno de ellos para pedirles ayuda.
Resultó que ese grupo de gente era la comitiva que acompañaba a un gran señor del Reino, y, éste al ser informado por sus servidores de que un desconocido pedía ayuda, hizo que le trajeran a su presencia.
-Me han dicho mis servidores que solicitas ayuda. ¿Quién eres y qué deseas de mí?
-No sé quién soy, no recuerdo nada de mí mismo. Debo de haber caído por algún motivo y he perdido el conocimiento, al recobrarlo no puedo recordar nada de mi vida. Como no sé cuál es m casa ni dónde está mi familia, pido ayuda para encontrarla.
-Por la luz que emites y las ropas que usas debes de ser algún gran señor de mi mismo linaje aunque ahora no lo recuerdes. Es mi deseo ayudarte en tu infortunio; te ofrezco mi hacienda y mi casa para que la consideres tuya mientras encuentras tu verdadera casa y mi familia para que te acoja mientras no encuentras tu verdadero hogar. Y desde ahora, digo que te consideraré como a hijo mío y tendrás todos los privilegios de mi rango.
El hijo del Rey, agradeció grandemente el ofrecimiento del gran señor hecho de manera tan amable y espontánea; y no hay ni que decir que lo aceptó inmediatamente. Debería de precisar que en el Reino de la Luz es normal que todo el mundo se ayude cuando es necesario; allí no existen rivalidades ni odios, ni afán de lucro como en la Tierra, por eso el generoso ofrecimiento era hecho de corazón y de corazón fue aceptado por el Príncipe.
De todas maneras, el Príncipe todavía no sabía cuál era el nombre de quien recibía tan grata ayuda, así que se dispuso a preguntar a alguno de los cortesanos que lo rodeaban.
-Dime, por favor, ¿quién es el gran señor a quién acompañas y sirves? ¿Cuál es su nombre?
-¿De verdad que no lo reconoces? Es el Gran Arquitecto, el director de los constructores menores que hay en el reino. Él es quién diseña los planos de todo lo que se va a construir en el Reino de la Luz, e incluso dicen que se ocupa de otros lugares desconocidos para la mayoría de nosotros. Y él es el que controla y supervisa a todos los constructores menores para que realicen su tarea correctamente. Su nombre es conocido en todo el Reino e incluso más allá de sus fronteras. Es uno de los pocos que es llamado a menudo al Concilio del Palacio Brillante para discutir proyectos de mejora del Reino. Se dice que es tenido en alta estima por el mismísimo Rey Brillante. Es llamado por todos Azul, color de la luz de que está hecho y que irradia constantemente, como ya habrás pedido ver.
De esta manera se pusieron en camino hacia la casa del Gran Arquitecto; por el camino el Príncipe fue llamado de nuevo a la presencia de Azul y estuvieron hablando largamente de las inquietudes que acosaban al Hijo del Rey, el cuál seguía sin acordarse de nada.
Por todo ello, ya que había decidido buscar su verdadera identidad y su verdadero destino, Azul le recomendó que se pusiera un nombre que le sirviera al menos para identificarse mientras recordaba su verdadero nombre.

Después de muchas deliberaciones el Príncipe sin memoria adoptó el nombre de Buscador y desde ese mismo momento así fue conocido por todos los que se cruzó en su larga peregrinación hasta su pérdida de identidad.
Así también lo llamaremos nosotros desde ahora, ya no es más en esta historia el Príncipe, Hijo del Rey del Reino de la Luz sino simplemente el Buscador.


Al llegar a la casa de Azul, éste presentó a Buscador su nueva familia. La esposa de Azul, una hermosa mujer que emitía una luz bellamente rosada, tranquilizadora, con un aire tan amoroso que era imposible el no ceder a sus encantos.
Alta y esbelta, con una larga cabellera dorada y unos ojos claros que emitían una intensa luminosidad, una viveza inusitada. Sus ademanes comedidos y suaves invitaban al reposo y la suave plática.
Y a pesar de aparentar juventud toda su pose indicaba una serenidad que solo la experiencia que da la larga vida puede conferir. Su nombre era Rosa y cierto era que, además de su Luz de color rosado, desprendía un cierto olor a rosas silvestres muy agradable.
Y su hijo, un agradable y apuesto joven cuya luz era de color dorado, una luz que sugería una inmensa sabiduría. Una sabiduría que contradecía la corta edad que aparentaba.
Como ya tendría ocasión de comprobar más adelante Buscador, la sabiduría del hijo de Azul era realmente incalculable; no solo era aparente sino muy real, tremendamente real.
También respiraba la misma paz interna que tanto Azul como Rosa, sus padres, emanaban por todos los poros de la piel, por su sonrisa y por sus palabras. El sólo estar con cualquiera de ellos daba tranquilidad a las tribulaciones y cavilaciones de Buscador y el hablar con ellos le daba nuevas fuerzas para emprender o continuar la búsqueda de su identidad perdida.


El nombre del joven, hijo de Azul, era Oro y éste se convirtió pronto en el inseparable compañero del Buscador, en su amigo del alma, en su doble y su sombra. Siempre le acompañaba en su búsqueda tanto con su ayuda como con su consejo que se reveló muy acertado la mayoría de las veces.
Luego le enseñó su casa, bueno, en realidad debería decir su palacio, puesto que en lugar de la casa que Buscador esperaba encontrar debido a las maneras sencillas y sobrias de vestir de Azul y su Familia, Buscador se encontró con un gran palacio de una magnificencia extraordinaria y cada rincón del mismo estaba realizado con gran arte. Nada sobraba ni nada faltaba para que todo el palacio en su conjunto fuera perfecto. Admirado ante tanta belleza y perfección, no pudo evitar el preguntar cómo y por quién había sido hecho el palacio. Fue Oro quien le contestó:
-Ya debes saber que mi Padre, Azul, es el Gran Arquitecto del Reino. Los planos del Palacio fueron hechos por él, pero además debes de saber que a sus órdenes, y a las nuestras, se encuentran los constructores menores quienes son los que se encargan de materializar y construir cualquier cosa que les ordenemos. Si a estos constructores menores, a los que se les llama más comúnmente Elementales, les damos las órdenes correctas, los planos perfectos, ellos ponen en práctica dichas órdenes y fabrican, materializan el objeto que les hemos dicho.
Al terminar de hablar Oro, Azul, su padre, continuó con la explicación que había pedido Buscador.

-Estos elementales y constructores menores son muy eficientes trabajadores, el problema es que carecen de inteligencia desarrollada y como no se den las órdenes correctas pueden materializar verdaderos esperpentos; ellos realizan cualquier cosa que les pidas, pero debes decirles muy exactamente lo que quieres o no necesariamente tendrás lo que deseabas, y para que tengas una idea de las dificultades que entraña el trabajar con los elementales te añadiré que para que te obedezcan correctamente estos constructores menores debes de tener desarrolladas en ti, al menos tres cualidades principales y en una medida nada pequeña. Las tres cualidades son Amor, Poder y Sabiduría.
Si no tienes alguna de estas características o cualidades desarrollada en ti, o su desarrollo es pequeño puedes encontrarte con algún que otro problema ya que estos constructores van a construir lo que les ordenes incorporando a su creación tu energía y por ello, todas tus cualidades y todos tus defectos. De ahí que puedas obtener como resultado un esperpento, algo feo o incluso horrible.
Y en éste momento, Rosa aprovechó para intervenir en la explicación:
-Creo que es precisamente esto último lo más importante: el saber que, para lograr que los constructores de la materia hagan exactamente lo que les pides, debes desarrollar no solo el Poder de mandarlos ni tampoco únicamente la Sabiduría de dar las órdenes correctas sino también el Amor a lo que quieres crear o materializar, puesto que con el Poder podrás hacer que los constructores te obedezcan, con la Sabiduría lograrás que hagan exactamente lo que pides pero si quieres conseguir algo bello, útil y perfecto deberás amar tanto a los constructores, como a lo creado e incluso ese amor debe extenderse tanto como sea posible para que el resultado no solo sea útil a uno mismo sino también a otros seres.
Buscador se dio cuenta de que en casa de Azul había sufriente de las tres cualidades, Oro tenía suficiente sabiduría, Rosa tenía suficiente amor y Azul tenía suficiente poder.
Además el poder de Azul era conocido y respetado en todo el Reino y todos los elementales se aprestaban a obedecer sus órdenes en cuanto él las daba.
Debido a ello, su casa siempre estaba llena de elementales que pululaban por doquier, algunos gozosamente atareados cumpliendo las faenas que les habían sido encomendados y otros esperando que se les diera algún tipo de trabajo que realizar.
Así empezó una nueva vida para Buscador, gozosa y tranquila. Se esforzó en aprender todo lo que pudo de su nueva familia y de sus sirvientes los elementales. Aprendió a desarrollar y utilizar la energía del Amor bajo la tutela y la guía de Rosa, y fue descubriendo las infinitas potencialidades que el Amor tiene.
También desarrollo poco a poco el Poder interno, el poder de la Voluntad bajo la mirada atenta y paternal de Azul y vio con asombro lo que se podía conseguir con ese infinito caudal de energía.
Y también fue desarrollando la Sabiduría con la ayuda inestimable de Oro. Gracias a él se dio cuenta de que tanto el Amor como el Poder debían de ser equilibrados con la Sabiduría para poder ser efectivos y realmente fecundos puesto que sin ella podrían incluso llegar a ser negativos. Así vio claramente que el Amor sin Sabiduría es tontería y el Poder sin Amor es destrucción.
También aprendió mucho de los elementales que rondaban por la casa. Habló mucho con ellos y comprendió la virtud de la humildad y adquirió la capacidad de darse cuenta en que nivel estaba en cualquier situación. Comprendió su lugar en el esquema de las cosas y aprendió a no despreciar al, aparentemente, más pequeño y también a no menospreciarse a si mismo fuera el que fuese su lugar y su situación en el mundo.
Pero llegó un día en el que, a pesar de lo bien que se encontraba en la familia de Azul y de lo mucho que había llegado a amarlos, sintiéndose como si fueran verdaderamente familia suya, no tuvo más remedio que irse de ella puesto que se dio cuenta de que, por mucho que aprendiera con ellos, ese no era el sistema de encontrar su identidad.
Eso mismo les explicó y todos lo comprendieron, no sin pena en el corazón pues habían llegado a quererle como a un hijo, pero entendían muy bien que deseara encontrar su camino.
De todas maneras, Oro se comprometió a acompañarle en sus aventr4uas y andanzas por el Reino de la Luz.
La noticia de que Oro le acompañaría fue de una gran alegría para Buscador pues le apenaba separarse de su gran amigo todavía más que de Azul y de Rosa.
Y así fue que, después de los preparativos adecuados, los dos amigos emprendieron la marcha decididos a recorrer todo el Reino de la Luz si era necesario para encontrar a la familia de Buscador e intentar recuperar la memoria perdida.
Y juntos recorrieron el inmenso Reino buscando y preguntando a todo el mundo pero en todas partes la respuesta era la mías; nadie conocía ni había visto antes a Buscador ni, por lo tanto, conocía a su familia.
Después de mucho andar y preguntar acertaron a encontrar a alguien que les habló de un anciano que vivía en la cima de una montaña, la Montaña Oro la llamaban.
Según las leyendas era un anciano muy sabio que vivía en el Palacio Brillante y en su juventud había cometido algún error muy grave; error que nadie conocía con exactitud y que por ello había sido exiliado del Palacio y para compensar el daño causado tenía como obligación el utilizar su sabiduría para ayudar a todo el que le preguntase además de otras obligaciones respecto a otros reinos, más desconocidas todavía. El Exiliado era su nombre según las leyendas.
Por cierto que, actualmente es un gran amigo mío ya que tanto El Exiliado como yo, Mercurio, realizamos una tarea parecida; aunque con maneras de hacer totalmente opuestas, su misión y la mía son básicamente las mismas.
Tanto Mercurio, como El Exiliado realizan la misma tarea pero Mercurio es bien visto y recibe todos los honores, en cambio Servidor es malinterpretado constantemente e incluso temido por los humanos que no conocen su verdadera historia y su cometido.
Al recibir la noticia de la existencia del Exiliado, el corazón de Buscador saltó de gozo, ya se imaginaba que pronto tendría la respuesta a las preguntas incesantes que se formulaba sobre su identidad y familia.
Y rápidamente se dirigieron a la Montaña Oro para encontrarse con su morador y tener una entrevista con él.
La Montaña de la Sabiduría, el otro nombre con el que se la conocía estaba hecha de Luz Oro era tremendamente escarpada y difícil de subir, pero la tenacidad de nuestros amigos fue superior a las dificultades que encontraron y al final lograron llegar a las puertas del Palacio de la Sabiduría.
El palacio era hermosísimo y el solo hecho de contemplarlo ya daba la impresión de encontrar la respuesta a muchas de las preguntas que uno se podía hacer, pero la respuesta principal de Buscador no estaba escrita ni en sus paredes ni en sus adornos y arabescos deslumbrantes.
Entraron en el Palacio y al preguntar por el Exiliado se les informó que ese no era su verdadero nombre; que así era llamado por mucha gente por recuerdo a su castigo, pero que el nombre real del anciano era Servidor.
Luego fueron conducidos a la presencia del anciano de Oro, el Anciano de la Sabiduría. Su vista era también impresionante. Realmente Oro se parecía muchísimo al anciano, solo que mucho más joven y emitiendo mucha menos luz.
Y una vez que los ayudantes del anciano se retiraron, Servidor dijo a sus visitantes.
-¡Buscador! Sé que vienes a mí para saber quien eres, de donde vienes y a donde vas, y también sé las respuestas a esas preguntas. Sé quien eres. Sé de donde vienes y quienes son tu familia. Y también sé a donde vas. Te conozco perfectamente desde el mismo instante de tu nacimiento; también sé cual es mi obligación eterna: la de informar verazmente a cuantos me pregunten, pero tengo impuesta una restricción por el mismo gran señor que me exilió y es que mis respuestas no tiene porqué ser cortas y claras sino que deben conducir al que pregunte por el camino que más le convenga a su evolución y que más aumente su luz, aunque esas respuestas no sean tan claras como desearía. Por eso mi respuesta a tus preguntas es la siguiente:
En la Tierra hay un Árbol del que cuelgan siete frutos. Cuando hayas comido del séptimo fruto sabrás quién eres y actuarás como debes.
-Y ahora vete, encontrarás la sabiduría necesaria para esta empresa en Oro, tu compañero. Que la Luz te acompañe.
Y diciendo esto, se deslizó por detrás de unos cortinajes y desapareció de la vista dejándoles solos y perplejos en la gran estancia en la que se encontraban.
Ni un solo ayudante o servidor apareció y tuvieron que encontrar totalmente solos la salida del gran Palacio.
Ni que decir tiene que la sabiduría e intuición de Oro les fue de mucha ayuda para no perderse en los interminables pasillos y grandiosas salas del Palacio hasta que por fin encontraron la salida y emprendieron el camino de bajada de la Montaña Oro completamente en silencio, absortos cada uno en sus propios pensamientos.
Al llegar a la base de la gran montaña se dieron cuenta de que no habían preguntado de qué manera se podía ir a la Tierra ni como encontrar ese árbol de los siete frutos, pero cuando se volvieron para subir otra vez arriba hasta el Palacio cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que la montaña había desaparecido de su vista y ahora se encontraban frente a una gran llanura vacía. Solo alcanzaban a ver, a lo lejos, a un anciano que caminaba lentamente y que vestía muy pobremente.

Aún creyendo que aquel no podía ser Servidor, fueron hacia él y le explicaron lo que les había pasado.
El viejecito les escuchó atentamente y al terminar ellos les contó que él conocía la leyenda de la Montaña Oro y que lo que les había ocurrido solía ocurrir a muchos puesto que según dicha leyenda la Gran Montaña Oro se movía de un lado para otro y era difícil encontrarla, pero una vez encontrada a la Sabiduría se la debía coger al vuelo; si se desperdiciaba de alguna manera su encuentro ya no había manera de volverla a encontrar.
Eso era lo que les había ocurrido, ante la magnificencia del Palacio y la incógnita de la respuesta de Servidor, se olvidaron de hacer todas las preguntas necesarias y ahora ya no tenía remedio. Resolvieron intentar encontrar la Tierra de todas formas y bajar a ella para recoger los siete frutos del Árbol tal como les había dicho Servidor, así que se pusieron en camino, sin saber muy bien hacia donde dirigir sus pasos ya que el viejecito no sabía nada de la Tierra y no pudo ayudarles en eso.

EL PRINCIPE DEL REINO DE LA LUZ (1ª PARTE)



Capítulo Primero
Hijos del Rey: Primera Caida
Hola amigos, soy Mercurio pero todos me llaman Charly, una manera cariñosa de llamarme charlatán. A pesar de que me veáis tan joven, en realidad soy casi tan viejo como la Tierra; nací de la cabeza del Rey cuando se dio cuenta de que necesitaba a alguien que contara y explicara a los demás lo que él pensaba. Había tanto que explicar y tenía que contarlo a tantos que necesitaba a un mensajero y por eso decidió que yo tenía que nacer. Y aquí estoy, haciendo de mensajero del Rey.
Esta noche, el rey ha tenido un sueño en el que veía a la Tierra cubierta por una niebla que la oscurecía, la gente que la habitaba no sabía ya sonreír y que los niños de la Tierra estaban tristes. Todo ello le causó hondo pesar y se despertó apesadumbrado.
Entonces utilizó todos sus poderes para intentar saber qué ocurría en la Tierra y después de mirar muy profundamente y durante un largo rato a la Tierra descubrió que pasaba: los niños estaban tristes porque no sabían la causa de las cosas; porqué nacían, ni de donde venían ni qué era lo que tenían que hacer en la tierra, un mundo tan extraño, y todo ello era debido a que no se acordaban de que él existía ni recordaban nada de su reino ni mucho menos de que los hijos de la Tierra son los herederos del Reino dela Luz.
También vio que prácticamente todas las personas mayores ya habían olvidado todo lo referente al Reino de la Luz y por ello no lo enseñaban a sus hijos, así que decidió que yo deba de bajar a la Tierra a subsanar ese error y a explicar a los niños la historia del Hijo del Rey que bajó a la Tierra. Así que fui convocado a su presencia inmediatamente.
Mercurio, he visto que ocurren graves cosas en la tierra, casi nadie sabe que existe el Reino de la Luz y ello está oscureciendo la vida de sus habitantes y muy especialmente a los niños. Es necesario que alguien vaya y se lo explique nuevamente; mi otro mensajero Servidor, está demasiado ocupado en otras tareas para poder realizar esta misión así que te envío a ti, a la Tierra para que expliques a los niños de ese hermoso planeta nuestra historia, mejor dicho su verdadera historia; la Historia del Hijo del Rey que bajó a la Tierra.
Inmediatamente obedecí las órdenes del Rey; me vestí como un niño humano, me puse mis alas en los talones y bajé lo más rápidamente que pude para refrescaros la memoria contándoos dicha historia.
Aunque esta historia empezó hace mucho tiempo, cuando la Tierra todavía era jovencita, debéis saber que todavía no ha terminado sino que continúa sucediendo diariamente.
Así que, sentaros cómodamente, destapad bien las orejas y escuchadme atentamente pues ésta es vuestra historia:
En un lugar fuera del tiempo existía el Reino de la Luz; bueno, en realidad todavía existe: yo vivo allí, de allí vengo y allá volveré en cuanto termine de contaros la historia.
El Reino de la Luz es un lugar maravilloso, tal como dice su nombre está lleno de luz, de luz de todos los colores del arco iris y otros colores más que en la Tierra no conocéis.
Además, todo está hecho de luz. Así como aquí en la Tierra tenéis casas de piedra, allí encontrareis casas de luz de un color; si aquí tenéis mesas de madera, allí tendréis mesas de luz de otro color; si aquí hay hombres de carne y hueso, allí hay hombres y seres de luz de todos los colores y matices. Como ya sabéis, vuestro planeta está hecho del material tierra principalmente y por eso la llamáis así; de aquí que al país que está hecho de luz se le llame el Reino de la Luz.


Seguramente os preguntareis donde se halla este Reino y porque no se habla de él en los periódicos ni en la televisión pero ello es muy fácil de entender.
Cada montaña dela Tierra parece que termina en su cima, pero en realidad de la punta de cada una sale una enorme columna de luz de color del cielo.
Estas columnas o pilares de luz tan gruesos como una casa son altísimos: suben hasta llegar al espacio en donde no hay aire y la luz del Sol llega con toda su fuerza, luminosidad y pureza. Como las columnas son del color del cielo, nadie las ve y al estar hechas de luz, tampoco nadie las puede tocar.
Por eso la existencia del Reino de la Luz es conocida por muy pocas personas.
Si tenéis en cuenta además que los habitantes de ese mundo cuando desean bajar a la Tierra adoptan un cuerpo humano normal, veréis que es muy lógico que casi nadie les conozca ni se hable de ellos.
Este reino fue hecho por el Rey hace ya muchísimo tiempo; la Reina, que es Luz, empezó a emitir cada vez más y más luz hasta llenar todo el espacio con su luz. El Rey puede manejar y moldear esa luz con facilidad y con ese material fue creando el Reino de la Luz y lo hizo tan incomparablemente hermoso que mil poetas no alcanzarían a poder describir su belleza ni mil cantantes podrían cantar su gloria.
Así se creó ese maravilloso mundo, la Reina puso la materia y el Rey la moldeó.
El Rey erigió en el centro de ese Reino una montaña altísima de cristal luminoso y en su cima puso su palacio, conocido por todo el mundo como el Palacio Brillante; hecho de la luz más pura que existía en el Reino de la Luzy lo rodeó con tres murallas.
La más exterior la hizo de Luz Azul, que, como todos saben, es la más poderosa del Reino. La del medio la hizo menos recia, pero mucho más hermosa, llena de adornos y almenas; la hizo de Luz Oro, la luz más sabia del Reino.
Y la más interior, ya cerca del Palacio, la hizo de Luz Rosa, la más delicada y amorosa para que los habitantes del Palacio Brillante tuvieran la vista más hermosa y se les alegrara el corazón con solo mirarla.
En la base de la montaña de cristal puso un círculo de Fuego que la envolvía, un círculo de Fuego Violeta que podían atravesar todos aquellos que tuvieran el corazón puro pero que no dejaba pasar a nadie que tuviera alguna sombra en su corazón.
En la cima de la Montaña de Cristal Luminoso, en el interior del Palacio Brillante, vivían el Rey y la Reina en medio del esplendor más fastuoso imaginable, rodeados por todos los servidores necesarios y de la corte más perfecta que nunca tuvo reino alguno de la Tierra.
Y aquí tuvieron muchos hijos, hermosos hijos que no solo les igualaban en belleza y hermosura sino que casi se podría decir que les sobrepasaban.
Los hijos fueron creciendo y madurando, aprendiendo de los mejores maestros en cada arte y ciencia, siendo enseñados incluso por los mejores maestros que jamás han existido: el Rey y la Reina. Así llegaron a desarrollar todas las cualidades imaginables. Eran Hijos del Rey, Príncipes del Reino de la Luz y todos los seres de dicho reino les admiraban y obedecían.
Un príncipe, tarde o temprano será rey y ejercer de rey no es tarea fácil, por eso los Hijos del Rey aprendieron todo lo que era necesario para gobernar con buen tino su hermoso e inmenso reino. Tenían los mejores preceptores y maestros, y hasta su padre el Rey les enseñó como utilizar correctamente el Poder de moldear la Luz para crear cualquier cosa que deseasen.
Pero a los Hijos del Rey les faltaba algo; día a día crecían en ellos un deseo: querían ir a visitar su Reino para poder conocer directamente todas las cosas y seres que vivían en él.
De nada sirvió que su padre les enseñara que podían saber cualquier cosa que deseasen sin necesidad de salir afuera de la Muralla Triple ni que los maestros les mostraran cómo ver cualquier parte del reino en su propia mente y con todos los detalles que quisieran; el deseo siguió creciendo poco a poco.
Aunque su padre el Rey no les prohibía nada, sí les había desaconsejado el ir a visitar personalmente el reino puesto que para alguien tan joven y sin experiencia, como ellos, podría haber algunos peligros.
Más eso no amedrentaba a los Hijos del Rey, muy al contrario, los acicateaba aún más en su deseo. Hasta que llegó un día en el que, uno de ellos, a pesar de los sabios consejos de su padre y de sus preceptores, decidió que abandonaría el Palacio Brillante y andaría con sus súbditos; se mezclaría con ellos y conocería perfectamente el reino y sus secretos.
Para poder investigar mejor y con más claridad los sucesos y las personas de su reino pensó que era mejor disfrazarse, ya que por su condición brillaba con una luz mucho más fuerte que los demás ciudadanos del reino y con ello se delataba como Hijo del Rey, así que se puso encima una ropa que le oscurecía la Luz que emitía constantemente, pasando a aparentar una brillantez menos enceguecedora para los ciudadanos normales del reino.
Una vez puesta la ropa oscurecedora salió de la Muralla Triple y empezó el descenso por la empinada Montaña de Cristal.
Al llegar abajo tuvo que cruzar el Círculo de Fuego Violeta que rodea la Montaña y al hacerlo se encontró con algo que no esperaba: al atravesar el Círculo recibió una fuerte descarga de energía que le dejó sin conocimiento cayendo en el suelo y dándose un fuerte golpe en la cabeza. Allí se quedó, tendido un largo rato hasta que poco a poco fue recobrando el conocimiento.
¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible que el Fuego Violeta dañara ni siquiera un poco a un ser tan puro y elevado como era el Hijo del Rey?
La respuesta se encontraba en algo que el Príncipe no había tenido en cuenta y es que las cualidades y la pureza hacen irradiar Luz al ser que las tiene y el ser que tiene defectos e impurezas en su interior es oscuro, no irradia luz.
Al ponerse encima un vestido que le oscureciera, sin saberlo estaba oscureciéndose a sí mismo; es decir estaba perdiendo parte de sus cualidades o virtudes y de su pureza, se estaba ensombreciendo.


Por ello, el Círculo de Fuego Violeta le resultó doloroso ya que en ese momento no era inmaculado y perfectamente puro sino con sombras en su corazón, aunque él no se hubiera dado cuenta, y el Fuego Violeta no tolera las sombras.
Realmente, todavía emitía mucha luz y por ello no le causó ningún daño fuerte el atravesar el Círculo, pero si lo suficiente para tener un desvanecimiento.
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