miércoles, 11 de marzo de 2015

EL PRINCIPE DEL REINO DE LA LUZ (1ª PARTE)



Capítulo Primero
Hijos del Rey: Primera Caida
Hola amigos, soy Mercurio pero todos me llaman Charly, una manera cariñosa de llamarme charlatán. A pesar de que me veáis tan joven, en realidad soy casi tan viejo como la Tierra; nací de la cabeza del Rey cuando se dio cuenta de que necesitaba a alguien que contara y explicara a los demás lo que él pensaba. Había tanto que explicar y tenía que contarlo a tantos que necesitaba a un mensajero y por eso decidió que yo tenía que nacer. Y aquí estoy, haciendo de mensajero del Rey.
Esta noche, el rey ha tenido un sueño en el que veía a la Tierra cubierta por una niebla que la oscurecía, la gente que la habitaba no sabía ya sonreír y que los niños de la Tierra estaban tristes. Todo ello le causó hondo pesar y se despertó apesadumbrado.
Entonces utilizó todos sus poderes para intentar saber qué ocurría en la Tierra y después de mirar muy profundamente y durante un largo rato a la Tierra descubrió que pasaba: los niños estaban tristes porque no sabían la causa de las cosas; porqué nacían, ni de donde venían ni qué era lo que tenían que hacer en la tierra, un mundo tan extraño, y todo ello era debido a que no se acordaban de que él existía ni recordaban nada de su reino ni mucho menos de que los hijos de la Tierra son los herederos del Reino dela Luz.
También vio que prácticamente todas las personas mayores ya habían olvidado todo lo referente al Reino de la Luz y por ello no lo enseñaban a sus hijos, así que decidió que yo deba de bajar a la Tierra a subsanar ese error y a explicar a los niños la historia del Hijo del Rey que bajó a la Tierra. Así que fui convocado a su presencia inmediatamente.
Mercurio, he visto que ocurren graves cosas en la tierra, casi nadie sabe que existe el Reino de la Luz y ello está oscureciendo la vida de sus habitantes y muy especialmente a los niños. Es necesario que alguien vaya y se lo explique nuevamente; mi otro mensajero Servidor, está demasiado ocupado en otras tareas para poder realizar esta misión así que te envío a ti, a la Tierra para que expliques a los niños de ese hermoso planeta nuestra historia, mejor dicho su verdadera historia; la Historia del Hijo del Rey que bajó a la Tierra.
Inmediatamente obedecí las órdenes del Rey; me vestí como un niño humano, me puse mis alas en los talones y bajé lo más rápidamente que pude para refrescaros la memoria contándoos dicha historia.
Aunque esta historia empezó hace mucho tiempo, cuando la Tierra todavía era jovencita, debéis saber que todavía no ha terminado sino que continúa sucediendo diariamente.
Así que, sentaros cómodamente, destapad bien las orejas y escuchadme atentamente pues ésta es vuestra historia:
En un lugar fuera del tiempo existía el Reino de la Luz; bueno, en realidad todavía existe: yo vivo allí, de allí vengo y allá volveré en cuanto termine de contaros la historia.
El Reino de la Luz es un lugar maravilloso, tal como dice su nombre está lleno de luz, de luz de todos los colores del arco iris y otros colores más que en la Tierra no conocéis.
Además, todo está hecho de luz. Así como aquí en la Tierra tenéis casas de piedra, allí encontrareis casas de luz de un color; si aquí tenéis mesas de madera, allí tendréis mesas de luz de otro color; si aquí hay hombres de carne y hueso, allí hay hombres y seres de luz de todos los colores y matices. Como ya sabéis, vuestro planeta está hecho del material tierra principalmente y por eso la llamáis así; de aquí que al país que está hecho de luz se le llame el Reino de la Luz.


Seguramente os preguntareis donde se halla este Reino y porque no se habla de él en los periódicos ni en la televisión pero ello es muy fácil de entender.
Cada montaña dela Tierra parece que termina en su cima, pero en realidad de la punta de cada una sale una enorme columna de luz de color del cielo.
Estas columnas o pilares de luz tan gruesos como una casa son altísimos: suben hasta llegar al espacio en donde no hay aire y la luz del Sol llega con toda su fuerza, luminosidad y pureza. Como las columnas son del color del cielo, nadie las ve y al estar hechas de luz, tampoco nadie las puede tocar.
Por eso la existencia del Reino de la Luz es conocida por muy pocas personas.
Si tenéis en cuenta además que los habitantes de ese mundo cuando desean bajar a la Tierra adoptan un cuerpo humano normal, veréis que es muy lógico que casi nadie les conozca ni se hable de ellos.
Este reino fue hecho por el Rey hace ya muchísimo tiempo; la Reina, que es Luz, empezó a emitir cada vez más y más luz hasta llenar todo el espacio con su luz. El Rey puede manejar y moldear esa luz con facilidad y con ese material fue creando el Reino de la Luz y lo hizo tan incomparablemente hermoso que mil poetas no alcanzarían a poder describir su belleza ni mil cantantes podrían cantar su gloria.
Así se creó ese maravilloso mundo, la Reina puso la materia y el Rey la moldeó.
El Rey erigió en el centro de ese Reino una montaña altísima de cristal luminoso y en su cima puso su palacio, conocido por todo el mundo como el Palacio Brillante; hecho de la luz más pura que existía en el Reino de la Luzy lo rodeó con tres murallas.
La más exterior la hizo de Luz Azul, que, como todos saben, es la más poderosa del Reino. La del medio la hizo menos recia, pero mucho más hermosa, llena de adornos y almenas; la hizo de Luz Oro, la luz más sabia del Reino.
Y la más interior, ya cerca del Palacio, la hizo de Luz Rosa, la más delicada y amorosa para que los habitantes del Palacio Brillante tuvieran la vista más hermosa y se les alegrara el corazón con solo mirarla.
En la base de la montaña de cristal puso un círculo de Fuego que la envolvía, un círculo de Fuego Violeta que podían atravesar todos aquellos que tuvieran el corazón puro pero que no dejaba pasar a nadie que tuviera alguna sombra en su corazón.
En la cima de la Montaña de Cristal Luminoso, en el interior del Palacio Brillante, vivían el Rey y la Reina en medio del esplendor más fastuoso imaginable, rodeados por todos los servidores necesarios y de la corte más perfecta que nunca tuvo reino alguno de la Tierra.
Y aquí tuvieron muchos hijos, hermosos hijos que no solo les igualaban en belleza y hermosura sino que casi se podría decir que les sobrepasaban.
Los hijos fueron creciendo y madurando, aprendiendo de los mejores maestros en cada arte y ciencia, siendo enseñados incluso por los mejores maestros que jamás han existido: el Rey y la Reina. Así llegaron a desarrollar todas las cualidades imaginables. Eran Hijos del Rey, Príncipes del Reino de la Luz y todos los seres de dicho reino les admiraban y obedecían.
Un príncipe, tarde o temprano será rey y ejercer de rey no es tarea fácil, por eso los Hijos del Rey aprendieron todo lo que era necesario para gobernar con buen tino su hermoso e inmenso reino. Tenían los mejores preceptores y maestros, y hasta su padre el Rey les enseñó como utilizar correctamente el Poder de moldear la Luz para crear cualquier cosa que deseasen.
Pero a los Hijos del Rey les faltaba algo; día a día crecían en ellos un deseo: querían ir a visitar su Reino para poder conocer directamente todas las cosas y seres que vivían en él.
De nada sirvió que su padre les enseñara que podían saber cualquier cosa que deseasen sin necesidad de salir afuera de la Muralla Triple ni que los maestros les mostraran cómo ver cualquier parte del reino en su propia mente y con todos los detalles que quisieran; el deseo siguió creciendo poco a poco.
Aunque su padre el Rey no les prohibía nada, sí les había desaconsejado el ir a visitar personalmente el reino puesto que para alguien tan joven y sin experiencia, como ellos, podría haber algunos peligros.
Más eso no amedrentaba a los Hijos del Rey, muy al contrario, los acicateaba aún más en su deseo. Hasta que llegó un día en el que, uno de ellos, a pesar de los sabios consejos de su padre y de sus preceptores, decidió que abandonaría el Palacio Brillante y andaría con sus súbditos; se mezclaría con ellos y conocería perfectamente el reino y sus secretos.
Para poder investigar mejor y con más claridad los sucesos y las personas de su reino pensó que era mejor disfrazarse, ya que por su condición brillaba con una luz mucho más fuerte que los demás ciudadanos del reino y con ello se delataba como Hijo del Rey, así que se puso encima una ropa que le oscurecía la Luz que emitía constantemente, pasando a aparentar una brillantez menos enceguecedora para los ciudadanos normales del reino.
Una vez puesta la ropa oscurecedora salió de la Muralla Triple y empezó el descenso por la empinada Montaña de Cristal.
Al llegar abajo tuvo que cruzar el Círculo de Fuego Violeta que rodea la Montaña y al hacerlo se encontró con algo que no esperaba: al atravesar el Círculo recibió una fuerte descarga de energía que le dejó sin conocimiento cayendo en el suelo y dándose un fuerte golpe en la cabeza. Allí se quedó, tendido un largo rato hasta que poco a poco fue recobrando el conocimiento.
¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible que el Fuego Violeta dañara ni siquiera un poco a un ser tan puro y elevado como era el Hijo del Rey?
La respuesta se encontraba en algo que el Príncipe no había tenido en cuenta y es que las cualidades y la pureza hacen irradiar Luz al ser que las tiene y el ser que tiene defectos e impurezas en su interior es oscuro, no irradia luz.
Al ponerse encima un vestido que le oscureciera, sin saberlo estaba oscureciéndose a sí mismo; es decir estaba perdiendo parte de sus cualidades o virtudes y de su pureza, se estaba ensombreciendo.


Por ello, el Círculo de Fuego Violeta le resultó doloroso ya que en ese momento no era inmaculado y perfectamente puro sino con sombras en su corazón, aunque él no se hubiera dado cuenta, y el Fuego Violeta no tolera las sombras.
Realmente, todavía emitía mucha luz y por ello no le causó ningún daño fuerte el atravesar el Círculo, pero si lo suficiente para tener un desvanecimiento.
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