sábado, 14 de marzo de 2015

ÁNGELES Y METAFÍSICA: CLASE 4 (PRIMERA PARTE)

CLASE 4: ENCUENTRO ANGÉLICO II 
(PRIMERA PARTE)


Quien haya experimentado un encuentro con ángeles, si su vida se ha visto alcanzada por el amor angélico, lo primero que sentirá es más amor por sí mismo, como si fuera un ser único y maravilloso. Y además de ese amor ha de sentirse más libre para amar a los demás, a las otras criaturas, por lo hermosa que son (incluyendo a los Ángeles). Y esas personas llegarán a amar la luz, a Dios, porque Dios es el autor de todo amor, la fuente y el objetivo final de nuestro amor.
Claro que uno puede estar tan envuelto en uno mismo, tan dominado por un amor egoísta que cree que somos perfectos, que terminamos por confundirnos al punto de cree que nuestros sueños o percepciones son angelicales. Y si nos amamos de manera tan desordenada, hasta podemos llegar a imaginarnos que un ángel nos ha llenado de amor. Pero si es así como suceden las cosas, entonces advertiremos, observando con cuidado, que esa experiencia no hizo que aumentase nuestro amor por Dios o por nuestros semejantes. Por el contrario, encontraremos que todo nuestro pensamiento se ha centralizado en mí, en el yo, no en los otros.
Cuando el encuentro angélico es auténtico, lo primero que hará será llevarnos a la más profunda meditación y la contemplación de los grandes misterios del universo, pero al final conseguirá que nos volvamos hacia todo lo exterior para amar al mundo con mayor seguridad.
Los milagros se producen con mayor frecuencia de lo que suponemos. No me estoy refiriendo a curas milagrosas de enfermedades mortales, sino a esos pequeños milagros personales de cada uno de nosotros, que sirve de algo así como indicadores que apuntan al hecho de que Alguien nos ama.
Considero que los milagros son recordatorios de que el universo dista de ser un caos imposible de ordenar o reconocer, que hay en él un orden establecido para todo cuanto existe, y que las distintas dimensiones a las que denominamos cielo y tierra no se hallan totalmente separadas. Todos los milagros realizados por los ángeles, no son sino otros tantos signos indicadores del amor de Dios, ya sea que se trate de hechos dramáticos o de fenómenos muy sutiles.



Los Engaños del Oscuro
No me gusta hablar de la oscuridad. Creo que cuanto más aludamos a ella, mayor será el poder que le demos, y perder nuestro tiempo en eso no puede ser sino algo tonto, porque si miramos siempre hacia la verdadera luz, nos veremos colmados de esa luz y la oscuridad perderá toda su fuerza sobre nosotros. Pero también es verdad que ninguno de nosotros es tan perfecto como para contemplar siempre la luz sin trepidar, y no hay persona tan sabia como para que pueda distinguir siempre entre la verdadera Luz y la oscuridad. De modo que se torna necesario establecer algún discernimiento respecto a los espíritus oscuros para que podamos redondear esta presentación.
Los Ángeles caídos existen, son ángeles que por diversas razones han perdido el interés genuino que deben tener los ángeles por la raza humana, por decirlo de alguna manera. La existencia de tales criaturas se ha reconocido desde los tiempos en que el hombre comenzó a escribir en tabletas de arcilla o en láminas de pergamino. Son seres personales, al igual que los ángeles de la luz.
Si bien las filosofías y teologías que a ellos se refieren discrepan de manera radical tanto en el tiempo como en el espacio, resulta importante comprender que, por razones sólo por ellos sabidas, algunas veces deciden hacer notar su presencia (con disfraces que pueden resultar muy auténticos) a fin de llevarnos por mal camino e impedir que sigamos buscando la Luz que es Dios. Tal vez sean exactos ciertos relatos antiguos en el sentido de que tienen celos de los humanos porque Dios nos favoreció incluso por encima de los seres angélicos… pero eso es algo que no puedo afirmar.
Con todo, si bien no es lo común, se sabe que los ángeles de la oscuridad se disfrazan para hacerse pasar por ángeles del cielo. Es por tal razón que muchos místicos que han tenido frecuentes encuentros con los Ángeles – como por ejemplo San Juan de la Cruz y más recientemente el Padre Pío, un sacerdote italiano que muestra los estigmas -, siempre han desconfiado de sus encuentros, tanto si se trató de un ángel o de otro ser humano (como por ejemplo la Virgen María ) o incluso del propio Dios.
El temor ante la posibilidad de no estar en condiciones de distinguir la Luz de la oscuridad ha impulsado a más de uno a evitar por completo los encuentros con ángeles. Todavía hoy, son muchos los que aconsejan tener muchas precauciones con el tema de los encuentros angélicos, en razón de que los poderes de engaño del oscuro son muy grandes.
Quiero decir que los ángeles de la oscuridad, sólo hasta cierto punto están en condiciones de falsificar a los verdaderos Ángeles de la Luz. Es que directamente no tienen en su interior capacidad para que una persona pueda desarrollarse en dirección a la Luz, como tampoco para sentir amor y gozo verdaderos, por la sencilla razón de que ya han dejado de saber qué son esas cosas. Son incapaces de producir nada que no sean frutos falsificados, que pronto se destruyen, se pudren y se vuelven amargos.
Por lo general, ni siquiera intentan conquistar nuestra mente por medio del mal en sí mismo. Nos seducen para llevarnos a la adoración de nosotros mismos y de los dones de que disponemos, tal como si nos hubiésemos creado solos y nos hubiéramos dado todas esas capacidades de que disponemos. En lugar de volvernos hacia la Llama que es Dios, nos engañan induciéndonos a penar que esas pequeñas lenguas de la Llama que ilumina y da calor a nuestro espíritu son ellas mismas la verdadera Luz, la auténtica llama.
En todos los casos, cuando nos volvemos hacia la Luz , la oscuridad pone pies en polvorosa, y creo que es todo cuanto debemos saber sobre esta cuestión, a menos que tengamos que tratar con ellos o seamos sencillamente unos tontos.


EL TEMOR Y EL MIEDO
Lo contrario del amor, en cierto modo, no es el odio sino el miedo, el temor. Porque el odio no es nada tangible, es un vacío que significa la total ausencia de amor, un cero absoluto en la escala de amor. El miedo en cambio, es otra entidad: es lo que cualquiera de nosotros experimenta cuando no confía en el amor que alienta en nuestro corazón. Y por cierto que en estos días nuestras muestras de confianza son muy escasas.
No creemos en nuestros hijos ni en nuestros cónyuges, en nuestro trajazo y ni siquiera en nuestro país. Como resultado de todo ello, podemos llegar a estar tan colmados de temores, incertidumbres y ansiedades, que al final nuestra vida se paraliza… Pero es imposible transformarlos.
Nos sentimos descontrolados, o creemos que nos controla nuestra vida y no al revés. Queremos tocar a nuestros ángeles y sentir que ellos a su vez nos tocan, porque sentimos que no los afectan nuestros miedos: ellos creen y confían en el Amor, del cual son sin la menor duda sus servidores.
De modo que, para nosotros, los ángeles constituyen una fuente de paz y tranquilidad que por todos los medios tratamos de asumir y aprender de ella. Muchas personas son llevadas a alcanzar esa serenidad total que gobierna al ser angélico tratando de compartirla o comprenderla para que también peda bendecir sus vidas.
Desde luego, habrá algunos que quieran llegar demasiado lejos, gente que no desee tomar el control de su vida sino que se alegraría de que la gobernasen totalmente los ángeles. Se trata en esos casos de sujetos cuya personalidad es tan frágil, o ha sido tan sacudida, que para cualquier actitud que tomen tienen necesidad de que alguien los guíe y con todo gusto se apoyarían en los ángeles. También esas personas buscan entrar en contacto con sus ángeles.
Asimismo, para algunos, los ángeles constituyen una suerte de figuras sustitutivas de Dios. Muchos adultos consideran que el moderno concepto de Dios les resulta inaceptable, o harto impersonal y distante, como tampoco aceptan que, según la antigua doctrina, Jesús sea Dios bajo una forma humana, personal y accesible. Sin embargo, la búsqueda de Dios forma parte de nuestro ser más interior. Es universal la necesidad de estar unidos a nuestra Fuente.
Tales personas ven con frecuencia en los ángeles aquello que aún no pueden percibir en Dios: amor personal que surge en ellos porque han sido tocados; una sabiduría que no reconoce tiempos y los alcanza para enriquecerlos; una fuerza increíble elaborada para inspirarlos.




TRABAJO CONJUNTO
Los convoquemos o no, los ángeles están con nosotros en nuestra vida cotidiana, dispuestos, deseosos y encantados de ayudarnos. No importa lo que hagamos: meditar, hacer compras, conducir el auto o bucear a profundidad, ninguna tarea es demasiado pequeña, ningún objetivo demasiado grandioso como para no merecer su afectuosa atención.
Ahora veremos algunos ejemplos de las maneras en que nuestros compañeros celestiales acompañan y animan las actividades cotidianas, y de cómo puedes solicitar su ayuda para alcanzar tus objetivos.
Algunos libros contemporáneos sobre los ángeles se concentran en las intervenciones milagrosas, incidentes en que se salvaron vidas y se evitaron calamidades. Aunque son apasionantes, indiscutiblemente, esos acontecimientos suelen producirse sólo una vez en la vida, sin embargo los ángeles están muy presentes y disponibles para todos y cada uno de nosotros, todos los días y no sólo en ocasiones especiales.
Por dispuestos que estén a ayudarnos, los ángeles no son hadas de la buena suerte que toquen tu copa con una varita mágica y te otorguen todos tus deseos. Pueden ayudarte a alcanzar lo que desea tu corazón, pero no crear tu destino. Eso sólo pueden hacerlo Dios y tú. Lo que hacen los ángeles es servir a Dios mediante cada uno de nosotros. En realidad, más de uno de nuestros invisibles ayudantes nos han sugerido, en muchas ocasiones, que los humanos somos las manos de los ángeles y la voz de sus mensajes inspirados.
Cuando aprendes a conversar con tus ángeles, entras en una asociación de trabajo con ellos. Un socio es alguien que trabaja contigo, que comparte tu alegría, te arroja la pelota y te respalda en tiempos de vacas flacas. Para desarrollar esa sociedad, basta con acordarte de pedir ayuda a tus ángeles, y con frecuencia se te presentarán cuando realmente los necesites, aunque hayas olvidado llamarlos.
Pide a tus ángeles que te acompañen durante tu vida cotidiana. Pídeles que te aquieten o te guíen las manos cuando hagas algo que requiera habilidad y precisión. Pídeles que te conduzcan a alojamientos adecuados si estás en una ciudad que no conoces. Pídeles que aseguren un viaje y un regreso sin peligros y que faciliten los trasbordos cuando viajéis, tú o tus personas queridas. Cuando quieras expandir tus conocimientos, tu capacidad o tus habilidades, no dejes de pedírselo a tus ángeles.
Uno de los beneficios de recurrir a los ángeles es que el acto de pedir elevará tu manera de encarar las cosas. Al refinar tu actitud, al abrirte a la afirmación y a un punto de vista positivo, realizas tus posibilidades de éxito en todo lo que haces o deseas lograr. Al visualizar el mejor resultado posible, atraes las energías positivas para que fluyan hacia ti.
Desde los tiempos más remotos, la gente ha trabajado con las energías positivas para crear lo que deseaban en el plano físico. Como resultado han crecido culturas y civilizaciones. A lo largo de milenios, ciertas maneras de operar energéticamente han resultado invariablemente efectivas para el propósito de la manifestación. Reciben distintos nombres de los diferentes sistemas y escuelas de pensamiento; algunos cambian el orden de la ejecución. Pero las leyes o pasos siguen siendo los mismos. En realidad son muy simples y, con ayuda de tu ángel, puedes utilizarlos para alcanzar tus objetivos.
Si bien hay muchas variaciones y agregados al proceso de manifestación, existen sólo cinco principios que se aplican universalmente. Con la asistencia angélica puedes ampliar notablemente el poder de estas leyes, porque la naturaleza angélica contiene un ingrediente vital para la manifestación: una amorosa aceptación. Como los ángeles existen en un plano de pensamiento superior, más próximo al reino de la Fuente Creativa , pueden ayudarte a sembrar tu meta en la dimensión donde el pensamiento es, realmente, creación.



1)          El primer paso en la manifestación es la intención. Tomas la decisión consciente de tener lo que deseas. Si no estás segura de desearlo de verdad, dedica unos minutos a imaginarte teniéndolo. Si no puedes visualizar o sentir cómo es, quizás no lo quieras del todo. O tal vez no crees poder tenerlo. A veces dejamos de desear algo cuando pensamos que no podemos tenerlo, aunque no dejemos de quererlo, por supuesto; simplemente, negamos el deseo. Con frecuencia, el miedo a la desilusión debilita la intención. Tenemos miedo de no conseguir lo que deseamos. Este miedo se crea en la sensación de poco valer.
2)          El segundo paso para alcanzar tu meta es el compromiso de obtenerla… y estar dispuesto a aceptar todo lo que te traiga. Tienes que estar segura. Nada de melancólicos “tal vez” o “si yo pudiera”. Nada de ambivalencias. Este paso requiere que concentres tu intención y experimentes la convicción de que puedes tenerlo. ¿Alguna vez obtuviste algo que deseabas desesperadamente, sólo para descubrir que, después de todo, no lo querías? ¿O no supiste qué hacer con lo obtenido? La culpa está en la falta de compromiso.
3)          El tercer paso requiere afirmación: reclamar lo que deseas utilizando una visualización, afirmándolo en voz alta y escribiéndolo o dibujándolo. Puedes hacer cualquiera de estas tres cosas, pero cuantas más hagas, mejor, porque cada una activa tu intención y comienza a establecerla en el reino físico. Para visualizar el logro de tu objetivo experiméntalo tan plenamente como puedas, por medio de tantos sentidos como te sea posible: debes verlo y sentirlo, oírlo, tocarlo y hasta degustarlo, si se puede.
Afirma lo que deseas diciendo en voz alta: “Ángel quiero tener…. “. Recuerda las palabras de la Biblia : “En el principio fue el verbo”. El sonido de tu voz crea una onda y el poder de tu intención la claridad de tu visualización, dan esa onda potencia y duración.
Algunas personas hacen un mapa del tesoro de lo que desean, recordando figuras que ilustren su meta y pegándolas en una hoja de papel o cartón.
Cada uno de estos actos reforzará tu convicción interior, iniciando la realización de lo que desea. Estás co-creando con nuestro Creador, con la ayuda de tus bienamados ángeles. Tu parte consiste en concebir todo el cuadro y cómo quieres que sea.
4)          El cuarto paso es la gratitud, dar gracias por la manifestación, como si ya se hubiera producido. Existe ya en otra dimensión, que es familiar a nuestros alados colegas. Sé generosa con tu agradecimiento y tus alabanzas a la Fuente de Todo.
5)          El quinto paso es el más difícil: el desprendimiento. Tienes que liberar tu meta hacia el Universo, para que este pueda hacerse cargo y entregar lo que has pedido. Cinco breves palabras te ayudarán a recordarlo: “Déjalo y deja a Dios”.
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