jueves, 14 de mayo de 2015

Eleva tu frecuencia vibratoria y afianza tu relación con los ángeles



Una de las preguntas que con más recurrencia recibo, tiene que ver con: ¿qué hacer para mejorar o aclarar la conexión con los ángeles?

Para empezar: todos estamos conectados con el Creador, no existe separación alguna del Padre más que en nuestra propia mente. Por su parte, los ángeles, creaciones divinas (al igual que nosotros) permanecen a nuestro lado y nos aman tal y como somos, con nuestras fallas y defectos. De manera que, el canal angelical siempre está abierto y dispuesto, solo que a veces con nuestros pensamientos, hábitos, sentimientos y emociones negativas entre otras cosas, lo contaminamos.

Una frecuencia es un estado de vibración. Según el Principio de Vibración, en el universo: “Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra”. Como los ángeles y en general todos los seres de luz vibran en una frecuencia altísima, somos nosotros los que debemos elevar la nuestra, para sintonizarnos mejor con la Divinidad y todas sus extensiones.

Siguiendo el mismo principio, los seres humanos continuamente transformamos nuestra vibración con las emociones que nos permitimos sentir. Es tan sencillo como que si uno se siente bien, vibra rápido; y si vibra rápido se alinea con frecuencias de esa misma vibración.

¿Entonces, cómo incrementar nuestra frecuencia vibratoria?

Indiscutiblemente la emoción máxima que incrementa nuestra frecuencia vibratoria es el amor. Elevar la frecuencia vibratoria también va de la mano con el despertar y el cambio de conciencia que tanto escuchamos en estos tiempos. Esto significa ser mejores humanos, viviendo desde el amor en todas sus versiones: gratitud, perdón, bondad, respeto, alegría, compasión, esperanza, etc. Todo lo contrario, lo que no procede del amor: el miedo, la culpa, el orgullo, la envidia, el rencor, el juicio, la tristeza, la rabia, el control, la preocupación, el deseo de venganza, entre otras cosas, no son más que prolongaciones del ego que nos ponen en un nivel de vibración bajo, bloqueando el flujo natural de nuestra energía y obstaculizando la comunicación angelical.

Algunos consejos adicionales para elevar tu vibración son:

Siéntete feliz. Sin importar la situación por la que estés pasando, opta por la felicidad como tu estado de ánimo constante, convirtiéndola en un hábito. Tu actitud positiva, además, inspira a quienes se encuentran a tu alrededor y atrae más experiencias dichosas a tu vida.
Ora, medita. Aunque para algunos la meditación es otra forma de oración, normalmente se define el acto de orar como una forma íntima y muy personal de hablar con Dios, mientras que meditar se relaciona con recibir respuestas a través de la guía interior.  Orar y meditar generan y fortalecen el sentimiento de estar más cerca de Dios, tranquilizando y aliviando tanto la mente, como el cuerpo y el espíritu.
Trabaja el perdón. No existe nada más liberador y por consiguiente sanador, que el perdón. Primero perdón hacia uno mismo y luego hacia los demás. Al perdonar se recuperan el equilibrio y la paz interior.  Muy sabias eran las palabras de la Madre Teresa de Calcuta al referirse al perdón: “El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió”.
Se agradecido. Cuenta tus bendiciones a diario. La gratitud abre las puertas a recibir más bendiciones y regalos del cielo. Además, agradecer de antemano todo lo bueno que está por sucederte, tiene un efecto maravilloso en la manifestación de tus deseos.
Vive en congruencia; es decir, se consistente entre lo que hablas, piensas y haces. Alinea tus pensamientos con tus emociones y sentimientos para materializar tus sueños.
Ríe más. Sonreír es una terapia instantánea, natural, efectiva, accesible a todos y que no cuesta nada. Excelente herramienta también para mitigar situaciones de tensión, desviar la atención del dolor y restar drama. Mantener un buen sentido del humor, además, nos ayuda a enfrentar los retos desde una perspectiva diferente.
Ten fe en ti mismo. Es muy cierto eso de que si no se cree en uno mismo, nadie creerá en uno. Tú puedes lograr todo lo que te propongas.
Libera. Deja ir todo lo viejo y obsoleto que ya no sirva en tu vida. No te apegues a nada.
Practica el no juzgar. Todos somos diferentes. Permite a los demás ser como deseen y no descalifiques ni condenes los comportamientos que sean diferentes al tuyo.
Renuncia a quejarte. Como cita la poeta norteamericana Maya Angelou: “Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puedes cambiarlo, cambia tu actitud. No te quejes.”
Vive en el presente. Acepta cada momento de tu vida tal como sucede sin preocupaciones por lo que ya pasó o lo que viene.
Cuida tu cuerpo. Haz ejercicio, descansa y nútrete equilibradamente con alimentos sanos.
Para terminar, mi más amorosa recomendación es la siguiente: Si deseas cambiar la frecuencia con la que vibras, elige sentirte bien. Haz lo que esté a tu alcance para mantener tu estado de ánimo positivo. Obviamente, como todo lo que emprendemos, mantener tu vibración en buen nivel requiere conciencia, práctica, constancia y compromiso.

Bendiciones de amor y luz.

Martha Muñoz Losada

Terapeuta en Sanación y Canalización con Arcángeles

Contáctame: correoangelical8@hotmail.com

www.facebook.com/leccionesconangeles

Visita mi blog: www.marthamunozlosada.wordpress.com

Transmutación por Arcángel Gabriel El Arcángel Alegre



Amados,

Tengamos discurso sobre la cualidad del amor conocida como transmutación. Esta cualidad del amor dentro de una persona entra en vigor después de gran lucha dentro de las profundidades de su alma para entender lo que realmente son y lo que realmente representan. Transmutación comienza cuando uno despierta a la propia esencia espiritual y descubre el camino espiritual. En el camino, el individuo que se identifica con su personaje exterior a través del cuerpo, emociones, mente y poco a poco se identifica con su alma, su ser espiritual interno. Comienzan a entender que están incorporados en la física con el fin de tomar conciencia de sus orígenes espirituales a través de sus experiencias plano material. Estas experiencias materiales se transmutan en energías espirituales tales como la sabiduría, el amor, la compasión, y el propósito más alto. Una misteriosa alquimia espiritual se produce por medio de la cual el alma humana se vuelve vagamente consciente de su contraparte superior, el yo superior. Cuando esta conciencia llega a un punto de leña, el despertar se produce.

La tarea de transmutar las fuerzas materiales en la vida de uno y la elevación de estas experiencias a través del poder de la mente en las energías espirituales refinadas comienza. Se ha tomado conciencia de las realidades espirituales. El personaje terrenal todavía se identifica en gran medida con sus cuerpo físico, las emociones y la mente, pero ahora se ha convertido en lo suficientemente integrado y coordinado lo suficiente para comenzar el trabajo de la transmutación de sus experiencias de vida en una energía espiritual más alto. Experiencia material se transmuta en energía del alma a través de la mente y la voluntad. La persona aprende a concentrar su mente para afectar a las fuerzas sutiles de la mente misma, el cuerpo emocional y el cuerpo de energía vital que subyace en la forma física llamada el cuerpo de luz. El poder del pensamiento enfocado y la intención se utiliza para levantar las fuerzas emocionales de la naturaleza deseo anclado en el plexo solar hacia arriba en el centro del corazón. En el centro del corazón, la fuerza del deseo personal se transmuta en la energía magnética de amor espiritual. Las personas que trabajan por el bien común de la humanidad un ejemplo de la transmutación de la fuerza de la naturaleza el deseo dentro de ellos en la energía del amor.

Un número creciente de personas en el planeta ahora están despertando a la comprensión de que son mucho más que seres físicos que viven a través de las emociones y la mente. Ellos están reconociendo que son “seres espirituales teniendo una experiencia humana.” Este despertar conduce al camino de la transformación y transmutación a través del cual la belleza, el poder y la luz que es inherente a su ser espiritual, el alma dentro de ellos, se revela poco a poco . La mezcla de espíritu y la materia es a menudo un proceso doloroso, como uno de naturaleza material debe ser purificado y refinado para que pueda mezclar armoniosamente con lo que es su naturaleza espiritual. Mientras esto ocurre, uno se convierte en un ser completamente diferente de la personalidad con la que se identificaron en el inicio de su proceso de despertar. La personalidad exterior se transmuta en un vehículo para la expresión de su alma en el mundo. Al unificar su personalidad y la energía del alma en una unidad armoniosa de funcionar, hay una mezcla exitosa de polaridades que han estado trabajando en sus vidas diarias. Hay un cambio gradual en el foco de la conciencia del mundo exterior de forma que el mundo interior de significado espiritual y propósito.

A medida que aspiran a vivir una vida más espiritual, su personalidad está cada vez más expuesta a la luz transformadora de su alma dentro de ellos. Ellos deben, a través de sus propias acciones personales, voluntariamente transmutar las fuerzas inferiores del pensamiento y de la actividad en mayores energías espirituales. Esto da paso a un compromiso consciente por su parte a una vida de auto-disciplina dedicada y servicio activo en el mundo. Su compromiso con las disciplinas espirituales se establece como los hábitos de la vida diaria. Su alma toma poco a poco el control de su forma externa, dirigiendo cada vez más el aspirante y la transmutación de su vida desde dentro. Bajo la influencia de la transmutación de su alma, su personalidad comienza a mostrar las cualidades divinas como el amor inclusivo, la sabiduría y la compasión mientras que incorpora una concepción divina de la vida. Uno entiende que este es el destino más alto para toda la humanidad.

El individuo aprende a pararse en su ser espiritual, alineado con las fuerzas superiores de su naturaleza divina, y se vuelven cada vez más comprometidos a servir a un bien mayor. Ellos se dan cuenta del propósito de su alma para esta vida y llegar a ser firmemente comprometidos con el cumplimiento de ese propósito superior. Transmutación es todo acerca de la reivindicación y la consecución de la maestría espiritual. Uno llega a ver que no están separados de la energía del universo o del espíritu, ya que ahora entienden que todo viene de y es parte de la misma Fuente. A partir de este entendimiento, la persona comienza a reclamar su poder como un co-creador con lo Divino, con su intención de transmutar sus energías de la vida en manifestación, la curación, y otros propósitos para mejorar la vida.

A través de este proceso de auto-purificación y transmutación, las cualidades divinas que fueron sembradas en el ser humano en el inicio de su viaje evolutivo comienzan a manifestarse dentro de la vida interior y exterior del alma consciente de los aspirantes. El vertido de luz hacia abajo del alma transmuta la persona humana en un instrumento para la expresión divina. El ser humano se transforma en una personalidad fusionada con el alma cuya vida está dirigida por Dios desde dentro por su yo superior. Las cualidades del alma, de la belleza interior, la verdad, la sabiduría y la luz que fueron velados por la máscara de la personalidad humana para muchas vidas se vuelven cada vez más revelan como la verdadera naturaleza y esencia espiritual en la vida del aspirante. La persona humana es transmutada por la plena luz de su alma y sus cuerpos inferiores en su expresión terrenal están completamente trascendido. Blandiendo las leyes y fuerzas universales, uno se convierte en el medio por el cual el amor espiritual del corazón divino fluye hacia el mundo de la humanidad, a través de la acción redentora de la alquimia espiritual de la transmutación. Cuando uno sabe cómo pasar de baja a las actividades más altas en sus pensamientos y acciones con el fin de transmutar una en la otra, los milagros suceden.

Como me despido, puede la cualidad divina de amor conocida como la transmutación y la alquimia espiritual del amor poder trabajar cada vez más en gran medida dentro de cada una de sus vidas.

YO SOY el Arcángel Gabriel

© 2014 Marlene Swetlishoff / Tsu-tana (Soo-tam-ah) Guardián de las Sinfonías de Gracia

LIBRO LOS 50 PRINCIPIOS DEL MILAGRO (PRINCIPIO 2)




PRINCIPIO 2: Los milagros -de por sí- no importan. Lo único 

que importa es su Fuente, El Cual está más allá de toda posible 

evaluación.

El hecho de que Fuente esté escrito con mayúsculas, por supuesto, nos dice que la Fuente es Dios, y Dios está presente en nuestra mente, en nuestra mente dividida, a través del Espíritu Santo. Lo que también es importante aquí es percatarnos de que los milagros no importan, porque éstos son parte del mismo mundo ilusorio del que forma parte el ego. Si el milagro es una corrección, es entonces una corrección de un pensamiento ilusorio, lo cual también convierte al milagro en una ilusión. Sólo se necesita en el mundo de la ilusión. Usted no necesita el perdón en el Cielo. Como dije antes, no se necesita un milagro en el Cielo. Se necesita el perdón o un milagro únicamente en un lugar donde se cree en el pecado, el sufrimiento, el sacrificio, la separación, etc.
Lo único que en verdad importa es Dios o la creación de Dios, que es el espíritu, que es el Cristo en nosotros. En este mundo, sin embargo, el milagro sí importa, porque esa es la corrección que nos permite recordar eventualmente Quiénes somos en realidad. El Curso también se refiere al perdón como una ilusión. En un lugar dice que esta es la ilusión final (L-pI.198.3). Lo que la hace diferente de todas las demás ilusiones en el mundo es que el perdón es el final de la ilusión. Todas las demás ilusiones aquí realmente engendran ilusiones, de modo que refuerzan la fantasía de que estamos separados o de que el ataque es real y está justificado. El perdón es una ilusión que nos enseña que no hay ilusiones.

P: Si usted dice que no podemos lograr amor completo en esta vida, ¿cómo nos relacionamos con Jesús?
R: Bueno, permítanme calificar eso. Yo creo que hay muy, muy, pocas excepciones, tales como Jesús, quien es el mayor símbolo del Amor de Dios. Además, hay algunas personas que han trascendido totalmente sus egos, y que permanecen aquí por un tiempo para ayudar a otras personas a lograrlo. Ellos son los que en el Oriente se conocen como avatares o bodisattvas: personas que han trascendido totalmente sus egos, pero que permanecen asidos a una astilla del ego para poder quedarse aquí en el cuerpo. Ya no están aquí para aprender lecciones. Pero, como indica el Curso en algún lugar, esto es tan raro que no vale la pena hablar de ello (M-26.2-3).
P: ¿Qué son nuestras creaciones?
R: "Creaciones" es una de esas palabras técnicas que el Curso utiliza y que no explica realmente. Se refiere al proceso de creación que compartimos con Dios. Uno de los atributos básicos del espíritu es que siempre está extendiéndose. Este no es un proceso que ocurre en el tiempo o el espacio, por lo cual es tan difícil para nosotros concebirlo. Dios se extiende a Sí Mismo -como espíritu, El siempre está extendiéndose- eso es lo que se llama creación. Nosotros somos el resultado de eso, no el nosotros tal como nos identificamos sentados en este salón, sino el "nosotros" que es el Cristo y que somos todos. Cada uno de nosotros es una parte de ese Cristo que es una extensión de Dios, ya que Cristo es parte de Dios, El también comparte los atributos básicos de Dios. Uno de esos atributos es la extensión, así que Cristo también se extiende. Aquello que extiende el Cristo es lo que el Curso llama "creaciones." Las creaciones son realmente las extensiones nuestras en nuestro verdadero estado. Repito, lo que lo hace tan difícil de entender, es que este proceso no tiene contraparte o término alusión a algo en este mundo. Cuando el Curso utiliza la palabra "crear", como lo hará en uno de estos principios del milagro, no se refiere a tener un pensamiento creativo, a crear una obra de arte o algo así por el estilo, -no es que el Curso esté en contra de nada de eso- sólo que usa la palabra con una acepción distinta. "Crear" es un vocablo que Un curso en milagros siempre utiliza para señalar lo que hace el espíritu. Si usted quiere pensar en conformidad con la idea tradicional de la Trinidad, la Segunda Persona de la Trinidad consistiría no solo de Cristo, del cual cada uno de nosotros es una parte, sino también de las extensiones de Cristo, que son nuestras creaciones.
P: El Curso parece prometer que nuestras creaciones nos están esperando. ¿Es eso así?
R: Como un pelotón vitoreador. Usted se acerca a la meta y allí están ellos a cada lado animándole. Eso es una metáfora, por supuesto, la idea es que nuestra propia integridad constantemente nos pide que recordemos quiénes somos.
En la última parte del segundo principio -La Fuente está mucho más allá de toda evaluación- "evaluación" es una palabra que pertenece a este mundo. Siempre estamos evaluando, y el hecho de que estemos evaluando algo es, obviamente, un proceso de juicio; es un proceso de percepción. Si usted habla de evaluación, habla de un evaluador que evalúa algo o a alguien. Así que habla de separación: sujeto y objeto. Obviamente, todo el proceso de evaluación tiene pertinencia únicamente en el mundo de la percepción, el cual no es el mundo de Dios. Dios está más allá de toda evaluación porque Él está más allá del juicio; Él está más allá de la forma; Él está más allá de la separación; Él está más allá de la percepción. El milagro sólo importa en la medida que nos enseñe que aquí nada importa. Una vez aprendamos esa lección, el uso del milagro habrá terminado. Es lo que el Curso nos enseña sobre el tiempo: su único propósito es enseñarnos que el tiempo no existe (vea pág. 70). Lo mismo puede decirse del mundo y del cuerpo: El único propósito que tiene el mundo y que tiene el cuerpo es enseñarnos que ni el mundo ni el cuerpo existen pero no podemos aprenderlo sin estar aquí en un cuerpo. Es por eso que Un curso en milagros nos enseña muy claramente que no debemos negar nuestras experiencias físicas aquí o negar nuestro cuerpo (T-2.IV.3:8-11). Sólo nos dice que debemos mirarlos en una forma distinta.
LOS 50 PRINCIPIOS
DEL MILAGRO
DE UN CURSO EN MILAGROS.
KENNETH WAPNICK

LIBRO LOS 50 PRINCIPIOS DEL MILAGRO ( PRINCIPIO 1)



PRINCIPIO 1: No hay grados de dificultad en los milagros. No hay ninguno que sea más "difícil" o más "grande" que otro. Todos son lo mismo. Todas las expresiones de amor son máximas
Si bien dije que esta no es mi sección favorita, creo que este primer principio es una joya. Es una de las afirmaciones más importantes en todo el libro, y creo que Jesús también piensa igual, porque éste es un principio que aparece en distintas formas en los tres libros una y otra vez. Si pudiéramos entender cabalmente lo que significa, que "no hay grados de dificultad en los milagros," entenderíamos todo lo demás en el Curso, porque ese principio contiene dentro de sí la semilla del sistema de pensamiento en su totalidad. El que "no hay grados de dificultad en los milagros" es como decir que todos los problemas del mundo son lo mismo -los que parecen mayores y los que parecen menores. No hay diferencia entre ellos.
Esto se puede entender cabalmente cuando reconocemos que afuera no existe mundo alguno. Si usted cree en la realidad del mundo de la percepción, del mundo físico o del mundo separado, entonces tiene que creer que hay gradaciones: hay cosas más grandes y cosas más pequeñas. Nuestro mundo todo, que realmente es decir todo el mundo de la percepción, se basa en sistemas y en diferencias. Todos tenemos conceptos de grande y pequeño, grueso y delgado, bonito y feo, masculino y femenino, noche y día, luz y obscuridad, problemas grandes y problemas pequeños, y así sucesivamente. Nuestra idea acerca de los colores también se fundamenta en eso: diferentes ondas de luz. Estas son partes inherentes del mundo de separación del ego -de que hay diferencias en este mundo.
Una vez creemos que el cuerpo es real, creemos entonces que hay ciertos problemas que son más críticos que otros. Si una persona padece de una enfermedad que "amenaza su vida," entonces ese es un problema serio. Si alguien tiene un dolor de cabeza decimos que ese no es un problema tan serio. No existe nadie en el mundo que no haya caído en esa trampa. Esto también adquiere la forma de pedir la ayuda del Espíritu Santo para algunos problemas y para otros no; o creer que El está muy ocupado para molestarse con nuestros inconsecuentes y tontos problemas; o creer que nosotros podemos encargarnos de éstos por nuestra cuenta. En verdad, sin embargo, Sus soluciones nos producen miedo, pues las mismas significarían el deshacimiento del ego.
No obstante, el propósito de estudiar Un curso en milagros no es que nos sintamos culpables por caer en estas trampas. La idea cabal del Curso es que sepamos cuán dementes estamos y cuán demente es este sistema de pensamiento, de manera que podamos cambiar de opinión acerca del mismo. Usted no puede cambiar de pensamiento acerca de algo si no sabe que está ahí. Así que la idea de poner al descubierto al sistema de pensamiento del ego no es hacernos sentir aún más culpables de lo que somos o más estúpidos de lo que nos sentimos, sino ayudarnos a comprender que, en efecto, nosotros sí creemos en esto, de manera que podamos cambiar de idea al respecto. Y este primer principio nos pone en marcha con una detonación.
Por lo tanto, lo que esto significa es que tan fácil es sanar un cáncer como un simple dolor de cabeza. Es tan fácil sanar una amenaza de guerra nuclear como lo es sanar una disputa entre dos niñitos, porque todo es lo mismo. Todos emanan de un punto central, que es la creencia en la separación o la creencia en la culpa. Los problemas jamás están en el mundo externo, sino en nuestras mentes. Las cosas que hacemos en este mundo para aliviar el dolor se hacen en el nivel de los síntomas, lo que significa que se hacen en el nivel de la forma. Uno de los principios claves en el Curso es la distinción que siempre nos pide que hagamos entre forma y contenido. Un curso en milagros enseña que sólo hay dos contenidos básicos en el mundo: Dios o el ego; amor o miedo; espíritu o cuerpo. Hay solamente dos percepciones básicas en el mundo: una es la manera del ego de mirar un problema y la otra es la manera del Espíritu Santo de mirar ese mismo problema.
Lo que ocurre es que estos dos contenidos aparecen luego en una miríada de formas. Cuando decimos que el contenido básico en el mundo del ego es la separación, resulta obvio cuántas formas distintas adquiere esta creencia. Algunas cosas tales como el dolor, el sufrimiento, la muerte, etc. las llamamos negativas. Algunas las llamamos positivas, lo que generalmente quiere decir que logramos lo que queremos, o que las personas están libres del sufrimiento externo. Pero la cuestión jamás radica en la forma que aparece en el lado derecho de la gráfica; la cuestión es siempre el pensamiento subyacente, aquí en el lado izquierdo (vea gráfica en la pág. 6).
En el Capítulo 23 hay una sección que se titula Las leyes del caos (T.23.II), la cual es muy difícil y una de las más importantes en el texto. Esta sección describe las cinco leyes que componen el sistema de pensamiento del ego y, en realidad, constituyen la contraparte de los cincuenta principios del milagro. (Ustedes pueden ver de qué lado está Jesús puesto que ofrece cincuenta principios del milagro y sólo cinco leyes de caos.)
La primera ley de caos es la contraparte exacta del primer principio del milagro. Esta afirma que la verdad es relativa y que existe una jerarquía de ilusiones. Algunas ilusiones son peores que otras, o algunas son mejores que otras. Repito, esto es exactamente de lo que estamos hablando. Una vez usted cree que ciertos problemas son mayores que otros, tiene que creer que hay diferentes niveles de solución para los diferentes niveles del problema. Ciertamente, alguien que esté en el campo de la medicina sabe que si existe este síntoma, usted hace "A", y si hay otro síntoma hace "B", y si hay un tercer síntoma hace "A" y "B" o alguna otra cosa. Todas son cosas muy específicas que hacemos para sanar o resolver los distintos problemas que creemos tener. Dicho sea de paso, el Curso hace bien claro que esto no significa que no se deban hacer estas cosas, pero yo elaboraré eso más adelante cuando surja en relación con los principios de milagros (vea pág. 36-37).
Lo único que verdaderamente sana es deshacer la creencia de que estamos separados de Dios, que es de donde procede la culpa. Como veremos luego, otra manera de explicar qué es curación, sería "el unirnos." Si reconocemos que el único problema que existe es la creencia de que estamos separados, esto tiene que significar que la única manera de resolver todos los demás aparentes problemas es la unión.
Otra cosa que se pondrá de manifiesto a medida que trabajemos con este material es que Un curso en milagros enseña que la forma en que definimos un problema automáticamente establece cómo lo resolvemos. Por eso es muy importante al trabajar con el Curso que siempre tengan presente que éste reconoce un solo problema, que es la creencia de que estamos separados. Si usted afirma que el problema es cualquier otra cosa, automáticamente está diciendo que la solución será otra.
La Lección 79 del libro de ejercicios señala que sólo hay un problema, por consiguiente sólo hay una solución. El único problema es la culpa, la separación, o el guardar resentimientos, y la única solución es el milagro, el perdón o el unirnos. Este primer principio, pues, realmente establece que: "no hay grados de dificultad en los milagros." A pesar de lo que creamos que es el problema, todos nuestros problemas pueden resolverse en la misma forma, simplemente cambiando nuestro pensamiento acerca de ellos.


P: A veces negamos las cosas y creemos que ya hemos cambiado de pensamiento…
R: Como dice al final del texto: "Las pruebas por las que pasas no son más que lecciones que aún no has aprendido que vuelven a presentarse de nuevo a fin de que donde antes hiciste una elección errónea, puedas ahora hacer una mejor…" (T-31.VIII.3:1). Obviamente, la mayor parte del tiempo no hemos deshecho toda nuestra culpa, y puede que haya relaciones que creemos haber sanado y resuelto y un año más tarde sucede algo y, ¡zás!, todos esos resentimientos vuelven a surgir. Todo el mundo ha tenido esa clase de experiencia.
Esto no necesariamente quiere decir que fracasamos cuando originalmente intentamos ocuparnos de ello. Lo que probablemente significa es que hicimos lo que pudimos en ese momento, y luego más tarde estuvimos listos para dar otro paso y sanar una capa más profunda de culpa. Luego se presenta una oportunidad y nos encontramos airados y molestos, nos sentimos agraviados y victimados, y eso nos indica que no nos habíamos desprendido totalmente de esa creencia, puesto que ahora la proyectamos sobre esta otra persona. El ego quiere que creamos que somos unos fracasados; lo que el Espíritu Santo nos diría es que ahora estamos listos para dar otro paso. Esa es realmente la fuerza propulsora del Curso: ayudarnos a interpretar todo lo que sucede en nuestras vidas como una oportunidad de sanar y perdonar algo que estaba profundamente sepultado dentro de nosotros y que no sabíamos que estaba allí. Y no hay excepciones a ese principio.
En efecto, de donde emerge la gran pujanza del Curso es que el mismo es tan consistente y sencillo en todo lo que expresa. Realmente nos enseña una sola manera de juzgarlo todo en el mundo. Ese es el modo de Un curso en milagros: que todo lo que ocurre es una oportunidad para sanar nuestras mentes, y no importa que nos sintamos perturbados sobre algún incidente terrible del cual nos enteramos por el periódico, o si lo que nos perturba es una cosa trivial que sucede en nuestros hogares o en nuestras familias, nuestras comunidades o situaciones de trabajo.
P: Aunque puede que no haya grados de dificultad en los milagros, nosotros estamos bien convencidos de que sí los hay. En vista de ese hecho, ¿es probable que necesitemos experimentar el perdón con un asunto grande antes de llegar a los otros?
R: Trabajamos con lo que haya que trabajar. Algunas personas sienten que es todo lo contrario, que los asuntos grandes son demasiado. Así que practican con los pequeños: la persona que les corta en la carretera, o alguien que hace algo un tanto fastidioso, o algo que sus hijos deben hacer en la casa y que no hacen. Hay quienes encuentran más fácil lidiar con esas cosas que con asuntos mayores, y otros piensan lo contrario.
P: ¿Hay que hacer todas esas cosas?
R: No tiene que hacerlo, sólo que se sentiría mejor si lo hiciera.
P: ¿Significa también el primer principio que sería tan fácil curar un cáncer como curar un catarro?
R: Sí, pero usted puede equivocar la idea de que el problema es el cáncer o el catarro en el cuerpo. Ese no es el problema. El problema es el pensamiento que lo llevó a eso. El Curso dice que el único significado de algo es para qué es. Usted no se concentra en el síntoma del cáncer como tampoco debe concentrarse en la remisión del mismo, porque ese no es el problema. El cáncer puede servir un propósito, no sólo para esa persona en particular, sino también para la gente en la vida de ella -la familia, los amigos, los médicos, etc.
P: Así que "no hay grados de dificultad en los milagros" nunca significa realmente la cura de algo, en verdad significa un cambio de percepción.
R: Exacto, significa un cambio de pensamiento. Discutiremos eso una y otra vez a medida que entremos en esto.
P: De acuerdo con eso, si su pensamiento ha causado la condición cancerosa y, de hecho, la mente se sana, ¿no se toma irrelevante el que el cáncer físico se cure o no?
R: Correcto. A menudo la gente usa la curación física como una manera de probar su salud mental o espiritual o la falta de ella. "Si realmente hago esto bien, entonces este tumor desaparecerá." Y, repito, lo que se logra es hacer ese error real. Cuando su mente realmente se sane, esto no será un asunto álgido para usted. No quiere decir que el tumor no desaparecerá. Sólo significa que su inversión no será hacer que desaparezca. Su inversión será lograr su paz mental.
P: ¿Acaso la muerte significa que sólo nos acostemos y renunciemos a nuestro cuerpo en el momento apropiado?
R: Si "apropiado" significa para usted, que morimos cuando completamos las lecciones que vinimos a aprender, sí. Sin embargo, también podemos cambiar de idea y decidir abandonar nuestro cuerpo antes de completar esas lecciones. Como dice el Curso: "Y nadie muere sin su propio consentimiento" (L-pI.152.1:4).
P: ¿Hasta qué punto entra en juego la percepción compartida de la enfermedad de aquellos que nos rodean? ¿Hasta qué punto estamos cautivos en esa percepción aun cuando nuestra mente está en el proceso de cambio?
R: Dentro de cada uno de nosotros siempre hay dos voces. Tenemos la voz del ego y la Voz del Espíritu Santo. Pasamos la mayor parte del tiempo yendo de un lado a otro. Digamos que yo estoy realmente practicando lo que dice Un curso en milagros, pero que no lo practico en su totalidad. Aún tengo algunas dudas y algunos miedos, y tanto ustedes como otras personas se unen a mí y refuerzan seriamente la manera de interpretar del ego. No cabe duda de que eso reforzará mi ego. Si yo estuviera realmente firme, si reconociera que todo lo que el ego me dijo era falso, entonces no importaría cuántas personas, millares o millones, dijesen lo que quisieran. En lo más profundo de mi ser yo sabría que eso no importa. Pero si estoy titubeando, mi ego siempre estará a la expectativa de aquellas personas que pueda utilizar como testigos para reforzar su caso. Pero el problema no es la gente que lo refuerza. El problema es que inconscientemente yo ando en busca de esos testigos que probarán que mi ego tiene razón. Como todos sabemos, no hay que buscar muy lejos en el mundo. Si realmente usted quiere probar que la ira está justificada, que la enfermedad es terrible y que la separación es real, encontrará testigos por doquier. Mientras vacilemos, no hay duda de que los pensamientos negativos o egocéntricos de otras personas reforzarán los nuestros. Ellos no son responsables de los nuestros porque eso sería vudú, la idea de que usted puede influir en otra persona. El Curso jamás enseñaría tal cosa porque eso ubicaría la responsabilidad sobre otros hombros. Lo que Un curso en milagros diría es que los pensamientos de los demás o lo que ocurra en el mundo puede reforzar nuestro propio ego. Pero si usted está realmente claro acerca de lo que cree, eso no tendrá efecto alguno. Jesús, indudablemente, sería el ejemplo máximo.
Por lo tanto, creer que fumar causa cáncer es caer en la trampa del ego; lo que lo causa es la culpa. Pero si usted cree que el fumar le es perjudicial, entonces no debe fumar. Si usted es diabético, y la enfermedad aún es parte de su sistema de pensamiento, entonces el no inyectarse insulina sería un intento inconsciente de castigarse a sí mismo, como lo sería el comer mantecado, etc. En este contexto, pues, cuidar de su cuerpo enfermo sería lo más amoroso y clemente que usted podría hacer.
P: ¿Qué significa "escuchar" al Espíritu Santo?
R: El decir que oímos al Espíritu Santo es realmente una metáfora, como lo es el referirnos a El como la Voz de Dios. El Espíritu Santo se comunica con nosotros a través de nuestra mente, y utilizará cualquier medio o vehículo que podamos aceptar. Así, puede ser lo que llamamos intuición, imaginación, un pensamiento o discernimiento repentino, un sueño, una sensación de que "escuchamos" palabras o de que surgen pensamientos que sabemos que no son nuestros. El no es exigente; usará cualquier cosa que le ofrezcamos.
Sigamos adelante, o de lo contrario no pasaremos de la primera línea. La segunda línea, por supuesto, es otra manera de expresar lo que hemos dicho. Decir que no hay milagros "más difíciles" o "más grandes" es lo mismo que decir que no hay problemas más grandes o más difíciles. Bill Thetford solía decir que el primer principio podía replantearse como: No hay grados de dificultad en la solución de problemas. Todos son lo mismo y, por lo tanto, todas las soluciones son la misma.
"Todas las expresiones de amor son máximas." Muchos de ustedes me han escuchado hablar de los dos niveles en que está escrito el Curso. El primero es el nivel metafísico al cual no vamos a dedicarle mucho tiempo hoy. El segundo es el nivel más práctico que contrasta las dos maneras de juzgar al mundo. Pero el primer nivel es realmente la parte del Curso que no admite componenda de clase alguna. Una cosa es totalmente verdadera o totalmente falsa; y no hay términos medios. No se puede estar un poquito embarazada; o está embarazada o no lo está. En el segundo nivel, vamos de un lado a otro todo el tiempo entre el ego y el Espíritu Santo. Pero esa afirmación, "todas las expresiones de amor son máximas," realmente es una aseveración del Nivel Uno: Usted no puede tener un poquito de amor. O tiene amor o no lo tiene, porque una de las características del amor es que éste es total, completo y no hay exclusiones, no hay excepciones. Todas las expresiones de amor tienen que ser máximas, lo cual es otra forma de decir que sólo hay un problema en el mundo. Ese problema es el odio o el miedo; y, por lo tanto, sólo hay una solución a ese problema, y esa solución es el amor. El amor no procede de nosotros; no proviene del mundo. El amor emana de Dios, a través del Espíritu Santo Quien nos inspira entonces a ser lo que podríamos llamar amorosos.
Un curso en milagros también nos enseña que nadie en este mundo puede ser amoroso, porque nos dice que el amor sin ambivalencia es imposible aquí (T-4.III.4:6). El sólo hecho de estar aquí significa que tenemos un ego, lo cual quiere decir que creemos en la separación. Esto significa que no podemos creer en la naturaleza del amor que todo lo abarca. Técnicamente, el perdón es el equivalente del Amor del Cielo en este mundo, y el amor nos llega de Dios a través del Espíritu Santo en nuestras mentes, Quien nos inspira todas las cosas amorosas que hacemos. Pero aquí con el uso de la palabra "amor" podemos ver cómo el Curso no es, ciertamente, muy estricto en el uso de la misma. A menudo hablará de amor en términos de lo que hacemos aquí.
P: ¿A qué se refiere él aquí entonces? Si "todas las expresiones de amor son máximas," eso aplicaría únicamente al amor de Dios.
R: Sí, pero al Amor de Dios a través del Espíritu Santo aquí. En otras palabras, el contexto de la aseveración es el milagro. El milagro procede del amor. El próximo principio habla sobre eso.
LOS 50 PRINCIPIOS
DEL MILAGRO
DE UN CURSO EN MILAGROS.
KENNETH WAPNICK

LIBRO LOS 50 PRINCIPIOS DEL MILAGRO



Introducción a 50 principios del Milagro
Hace alrededor de uno o dos meses que, mientras hablábamos por primera vez sobre lo que debíamos hacer en este taller, Gloria sugirió que tratáramos estos principios del milagro. Esta no es mi parte favorita del texto, pero me acordé entonces de la aseveración en Alicia en el país de las maravillas en que el rey dice que se empieza por el principio, se sigue hasta el final, y entonces uno se detiene. Como esta es la forma en que comienza Un curso en milagros, nos parece el punto lógico para nosotros comenzar también.
Lo que haremos, después de unos comentarios introductorios que voy a hacer, es analizar línea por línea estos cincuenta principios. Verán que esta primera sección empieza casi como una obertura operística, en que contiene la mayor parte de los temas principales que luego se desarrollan plenamente en el texto; y, como muchas oberturas operísticas, no creo que sea tan buena como la ópera en sí o como el libro.
Pensé utilizar la primera parte del taller para explicar cómo yo veo estos cincuenta principios y también para explicar las aparentes inconsistencias en algunos de ellos, al compararlos con aseveraciones que encontraremos más adelante en el texto. Creo que las personas que lean cuidadosamente esta sección inicial, así como los primeros cuatro o cinco capítulos, encontrarán que hay ciertas cosas que no parecen armonizar con lo que se presenta más adelante. Y, ciertamente, el estilo de la escritura no está en el mismo nivel. Hay razones para ello, las cuales deseo compartir.
Muchos de ustedes, estoy seguro, están familiarizados con la historia de cómo se escribió Un curso en milagros. Helen Schucman, una psicóloga, escuchó la voz de Jesús hablándole, y él le dictó estos tres volúmenes. Cuando comenzó el proceso en octubre de 1965, durante las primeras cuatro semanas más o menos, Helen se encontraba en una situación de mucha ansiedad. Si bien esto no interfería con el contenido básico de lo que ella escuchaba, sí interfería, creo yo, con la claridad con que lo oía.
Helen tenía indicios de que hacía tiempo que ella había desarrollado esta habilidad de escriba, de que la había utilizado mal, y la había dejado inactiva por bastante tiempo. Si ustedes tienen una llave de agua la cual no han utilizado por algún tiempo, y de pronto la abren para que fluya el agua, van a tener mucho moho. El agua fluye, pero al principio habrá mucho descoloramiento. Creo que eso es lo que encuentran aquí: el material en sí es consistente con la enseñanza básica del Curso, pero la forma de expresión no es consistente.
Frecuentemente Helen solía escribir algo y, en efecto, al día siguiente Jesús le decía: "Esto fue lo que escribiste ayer; esto es lo que debe ser," y le corregía muchas de las inconsistencias estilísticas así como la torpeza del lenguaje. Por eso creo aún más importante que se entienda cómo se escribieron estos primeros capítulos. Comenzando con el Capítulo 5, pueden casi sentir cómo el texto fluye con mayor agilidad en términos del lenguaje y de la claridad de expresión.
El punto importante es que, justo al principio, el dictado no era realmente directo; era como si Jesús sostuviera una conversación con Helen, en la cual le dijera cosas y Helen le formulara preguntas o él anticipara las preguntas que había en la mente de ella. Gran parte de las conversaciones iniciales se relacionaban con ayudar a Helen y a Bill a integrar este material con sus propios trasfondos profesionales así como con sus vidas personales.
Como todos sabemos, hablamos de una manera cuando sostenemos una conversación informal, y nos expresamos de manera distinta cuando escribimos. Sé por experiencia propia que cuando hablo informalmente con otras personas o en mi oficina, lo hago de una manera y no presto mucha atención a lo que digo, -en términos de cuán consistentes son las palabras con otras cosas que he dicho. Cuando escribo un libro o un artículo, es muy distinto. Entonces soy mucho más cuidadoso. Creo que esta fue exactamente la situación que tuvo lugar en aquellas primeras semanas, como se puede ver especialmente en estos primeros cuatro capítulos. Esto explica, creo yo, por qué hay ciertas inconsistencias en cómo se expresa el texto en sus capítulos iniciales, y por qué mucha de la escritura parece torpe y, realmente, no está en el mismo elevado nivel literario que está el resto del material. Ciertamente, también, mucho del contenido personal que Helen había escrito no iba dirigido al público en general y hubo que suprimirlo. Realmente, estaba dirigido sólo a ella y a Bill. Por eso, repito, eso explica la razón de que haya cierta torpeza en el lenguaje.
Permítanme mencionar una de las inconsistencias que encontrarán, la cual es básicamente, de lo que hablaremos hoy: qué es el milagro, el tema de Un curso en milagros. El Principio 17, que cubriremos más tarde, habla de que el milagro sana. En el Capítulo 2, Jesús dice: "Hablar de ‘una curación milagrosa’ es combinar impropiamente dos órdenes de realidad diferentes" (T-2.IV.1:3). Sin embargo, casi al final del texto hay algunas referencias que hablan acerca del "milagro de curación" (e.g., T-27.II.5:2). Esta aparente inconsistencia se explica cuando recordamos las circunstancias de la escritura. En algunos de los primeros principios de los milagros, "milagro" se usa casi de la misma manera que lo usamos popularmente: para referirnos a un acto externo, en el que ocurre algún cambio externo en el mundo o en la conducta de alguien. Como se hace bien claro en algunos de los otros principios, y lo que ciertamente es el tema central del Curso, el milagro es una corrección en la manera de percibir, precisamente como en el pasaje del libro de ejercicios que Gloria leyó; es una corrección en nuestra forma de percibir y de pensar. Pero, ciertamente, hay principios que parecen implicar un cambio en la conducta. En el Capítulo 2, cuando Jesús habla específicamente sobre lo que es curación y comienza una serie de secciones sobre la misma (T-2.IV), él hace una distinción entre el milagro, que es un cambio de pensamiento, y el efecto posterior, que sería la curación. Más adelante en el libro, cuando esas primeras explicaciones y distinciones ya no son necesarias, el Curso es mucho más poético y, por lo tanto, puede decirse que es un poco más suelto en su expresión de manera que puede utilizar la frase "un milagro de curación."
Hay otro principio del milagro (21) que habla acerca del perdón de Dios, mientras que en el libro de ejercicios hay una aseveración bien clara, de hecho está repetida, que dice: "Dios no perdona porque jamás ha condenado" (L-pI.46.1:1; L-pI.60.1:2). El perdón es la corrección de un pensamiento hostil o airado. Y, puesto que obviamente Dios no tiene esos pensamientos, no hay necesidad de corrección o de perdón en el Cielo. En el uso popular de la palabra, sin embargo, hablamos del perdón de Dios. En efecto, uno de los pasajes más hermosos del texto, que es la versión que da el Curso del Padre Nuestro, empieza con las palabras: "Perdónanos nuestras ilusiones, Padre" (T-16.VII.12:1). De modo que si buscan inconsistencias en el Curso, las van a encontrar. Si quieren tener problemas con Jesús, y quieren utilizar las múltiples inconsistencias como una forma de refutar o discrepar del Curso, no tienen que pasar de las páginas uno o dos. En efecto, durante los primeros meses, Helen trató firmemente de hacerlo, y él le dijo que deseaba que ella no lo hiciera porque eso era desperdiciar mucho tiempo.
Total, una de las cosas más extraordinarias sobre Un curso en milagros es su consistencia desde el principio hasta el final en términos de lo que enseña y de lo que dice. Jamás se desvía de ello; pero sus expresiones no son siempre tan consistentes.
Antes de que realmente empecemos a examinar los cincuenta principios línea por línea, deseo poner algo en la pizarra con el fin de orientarnos en nuestra discusión de los milagros. Ninguno de nosotros estaba muy feliz con el título que Jesús le dio al Curso, pero él parecía estar claro en querer llamarlo Un curso en milagros. Así que el interés primordial es el milagro, y eso es lo que realmente nos enseñan. El milagro, repito, no tiene nada que ver con lo externo; y la razón principal de que así sea es que no hay nada externo.
Hoy no vamos a entrar en la metafísica del Curso; vamos a presumir que aceptamos esos principios. Pero, ciertamente, el fundamento metafísico básico del Curso es que no hay mundo alguno fuera de nosotros. El mundo solamente es la proyección de lo que está en el interior de nosotros, lo cual significa que el asunto central siempre se encuentra en el puntito que aparece en el lado izquierdo de la gráfica, y que representa la mente. Esta proyecta sobre el mundo lo que tiene en su interior; y el mundo incluye no solamente la totalidad del mismo, el universo, sino también el mundo de nuestros cuerpos personales. Esto significa que el problema jamás es lo que está fuera de nosotros aquí en el mundo. El problema es siempre lo que está en nuestras mentes; y como es allí donde radica el problema, es allí donde debe buscarse la respuesta. Esa respuesta es el milagro.
La mejor definición de qué es un milagro es, entonces, que éste es la corrección de un pensamiento erróneo o de una percepción equivocada, y por lo tanto, Un curso en milagros jamás abogará porque usted haga algo que cambie su conducta. Muchos de ustedes habrán visto el artículo acerca del Curso que se publicó en el New York Times hace alrededor de un mes (9 de diciembre de 1984) en el cual me citaron al revés. La cita decía que usted debe cambiar su conducta, y eso cambia su mente. Yo estoy seguro de que les dije todo lo contrario por teléfono: que el cambio de pensamiento correspondientemente cambia su conducta. Esto no significa, dicho sea de paso, que el Curso muchas veces no abogue porque usted haga algo para cambiar su conducta. Todo lo que éste quiere decir es que usted no crea que al cambiar su conducta ha cambiado el problema. Este podría ser un paso útil hacia el cambio de un problema, pero el problema básico no está fuera en el mundo o en el cuerpo, -está en la mente. Esta idea, por supuesto, es absolutamente esencial en todo lo que enseña el Curso y en todo lo que habremos de hablar. Ciertamente, esto es esencial para entender qué es el milagro. La definición más sencilla del milagro es que éste es la corrección de cómo percibimos o de cómo pensamos.
Una de mis líneas favoritas en el Curso, que en realidad es la definición perfecta del milagro, aunque en la misma no se utiliza la palabra, dice que "el más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente" (T-26.IX.6:1). Alguien a quien odiamos, ya que el odio es la manera de percibir del ego, se convierte en alguien a quien amamos; y esa visión de amor nos la ofrece el Espíritu Santo. De lo que hablamos es de dos maneras distintas de mirar al mundo y, más específicamente, de mirar las relaciones en nuestras vidas. Una es la manera de mirar del ego, que es la forma de ver más y más separación, ira y culpa, lo cual justifica nuestra ira y hace real la enfermedad aquí en el cuerpo. Todas estas percepciones realmente refuerzan la premisa básica del ego de que estamos separados de los demás y de Dios. La corrección para esto es cambiar de la forma de mirar del ego a la del Espíritu Santo, y ese cambio del ego al Espíritu Santo es el milagro. La palabra idéntica para ese proceso de cambiar de las percepciones del ego acerca de alguien a las del Espíritu Santo, es el "perdón."
Cuando perdonamos, lo que hacemos realmente es sanar el problema, porque la fuente básica del mismo es nuestra interpretación, y ésta se basa en la culpa. De modo que todos nuestros problemas -bien sean físicos, económicos, o sociales­ no se encuentran afuera en el mundo del cuerpo sino que están más bien, en nuestras mentes y todos pueden remontarse a un problema de culpa. Otro término para culpa puede ser "falta de perdón." Es cuando perdonamos que nuestros problemas se sanan, de modo que podemos decir que las palabras "milagro," "perdón" y "curación" representan básicamente el mismo proceso.
Por lo tanto, podemos ver que el milagro es la respuesta al problema, que es la culpa, y podemos definirlo mejor aún al decir que toda la culpa se origina en la creencia de que estamos separados. Así que, estas dos palabras, "separación" y "culpa," son también virtualmente sinónimas, ya que una surge de la otra.
¿Hay preguntas sobre lo que hemos discutido antes de empezar con los principios?
P: Cuando usted habla del perdón, ¿se refiere al perdón de sí mismo y luego al de los demás?
R: El proceso básico del Curso es que nos perdonamos a nosotros mismos al perdonar a los demás, de manera que, técnicamente usted perdona a alguien y eso, correspondientemente, lo capacita para perdonarse a sí mismo. En nuestra experiencia el proceso es recíproco. Mientras más puedo perdonarlo a usted, más perdonado me siento. Mientras más perdonado me siento, más fácil me resultará perdonar a otras personas. Pero en términos del paradigma básico que expone Un curso en milagros, perdonamos a otros y, por consiguiente, nos perdonamos a nosotros mismos porque es lo mismo. Una vez aceptamos la idea de que en el mundo externo no existe nada excepto lo que nosotros ponemos allí, reconocemos un vínculo directo entre lo que hay en nuestras mentes y lo que vemos afuera. Si recuerdan, las primeras lecciones del libro de ejercicios son muy claras en su propósito de adiestrarnos en esa línea de pensamiento, y establecen claramente que no existe ninguna diferencia entre lo que percibimos afuera y lo que percibimos adentro que son nuestros pensamientos los que hacen al mundo. Así que en realidad, hablamos de una y la misma cosa.
La importancia de reconocer la primacía de perdonar a alguien que está fuera de nosotros radica en que casi toda esta culpa en nuestras mentes es inconsciente no estamos conscientes de la misma. Esto significa que si no vemos el problema, no podemos hacer nada al respecto. Pero generalmente nos percatamos de los sentimientos negativos que abrigamos hacia otras personas, así que si comienzo a sentirme molesto con usted, y lo contemplo correctamente, estoy permitiendo que el Espíritu Santo me guíe en cómo percibir y comprender lo que está sucediendo. Entonces El me dirá que todo lo que yo tenga en contra de usted es realmente el espejo de todo lo que tengo en contra mía, sólo que yo no sabía que lo abrigaba en contra de mí mismo. Esto se debe, repito, a que la mayor parte de la culpa es inconsciente. Al usted llegar a mi vida y convertirse en un problema para mí, me permite, por virtud de convertirse en mi espejo, que lo contemple y vea reflejado en usted exactamente lo que hay dentro de mí. Al cambiar mi pensamiento sobre aquello de lo cual lo había acusado a usted, lo que realmente hago es cambiar de pensamiento sobre aquello de lo cual me he acusado a mí mismo. Sin embargo, la forma puede ser diferente. De modo que de lo que hablamos es acerca de un término muy importante que no aparece en esta primera sección, y es el vocablo "proyección": proyectamos sobre el mundo lo que está en nuestras mentes.
P: ¿Diría usted que para estar receptivo a esto y para entenderlo hay que estar pidiendo la ayuda del Espíritu Santo todo el tiempo?
R: Sí, Un curso en milagros hace bien claro que es imposible perdonar verdaderamente a alguien sin la ayuda del Espíritu Santo porque nuestros egos están muy arraigados en nuestras mentes. Esto es decir en realidad que el afán de mantener la ilusión de que estamos separados y de que somos culpables está tan arraigada en nuestras mentes, que es casi imposible, o quizás totalmente imposible, cambiar en realidad nuestro pensamiento sin ayuda externa. Esa ayuda externa, el Espíritu Santo, por supuesto, está verdaderamente en nuestro interior. Como frecuentemente cita el Curso de los evangelios: No podemos hacer nada por nuestra cuenta (M-29.4:2).
P: Al hablar con mi amiga aquí, me di cuenta de que estaba proyectando algo sobre ella, entonces descubrí que había una proyección interna dentro de mí, pero descubrí que no era en relación con ella, era dentro de mí en relación con Dios, un tema completamente diferente, pero la misma proyección.
R: En el fondo de todo, como siempre, está nuestra relación con Dios. El fundamento de todo en el sistema del ego de cualquier persona es la creencia de que estamos separados de Dios, de que Lo hemos atacado, y El está enojado con nosotros y nos va a castigar. Esa constelación de pensamientos es central en el ego de todos, y para poder escapar de la ira de Dios, soportamos toda clase de cosas raras, la más rara de las cuales es la creencia de que al atacar a otra persona en otras palabras, al proyectar nuestro problema sobre otra persona nos liberamos del problema. De modo que los problemas interpersonales que experimentamos, cuando realmente usted los examina, todos tienen que ver de algún modo, con la creencia de que la otra persona está separada de nosotros. De ahí surge, pues, la idea de que esa otra persona nos ha victimado, o lo invertimos y nos sentimos culpables porque creemos que la hemos victimado a ella.
Todos podemos identificarnos con esas experiencias. Todos tenemos muchas oportunidades en nuestras vidas de reconocer cómo opera esto. Pero todo se reduce al problema básico que es la creencia de que estamos separados de Dios, lo que a su vez significa que creemos que Lo hemos atacado, que Lo hemos victimado, que El es nuestra víctima. Entonces invertimos todo eso, debido a que la proyección siempre procede de la culpa, y creemos que Dios nos ha convertido en Sus víctimas. Así que dentro del sistema del ego, la muerte, por ejemplo, se convierte en el más notorio testigo de que la ira de Dios es real. Dios creó un cuerpo, que en un nivel es lo que cree el ego, y luego castiga a ese cuerpo destruyéndolo -Él hace que el cuerpo sufra, etc.
Eso, repito, es la más profunda piedra angular en la subconciencia de todos, y luego todo lo que hacemos es proyectar eso una y otra vez, sobre todos los demás. Como enseña el Curso, ustedes no pueden ir directamente al Cielo porque la cantidad de miedo y terror que existe aquí es pavorosa. Lo que podemos hacer es empezar a tantear con el sistema de pensamiento, y así empezamos a tantear con todas las personas con las que tenemos relación en el presente. Y podemos tener relación con las personas no importa si están físicamente con nosotros o si sólo pensamos en ellas. Así que alguien que murió hace veinte o treinta años puede estar muy presente en nuestras mentes porque aún estamos cargando heridas pasadas o ilusiones pasadas sobre esa persona.
¿Alguna otra cosa? Bien, empecemos, pues, a hablar acerca de los cincuenta principios.
LOS 50 PRINCIPIOS
DEL MILAGRO
DE UN CURSO EN MILAGROS.
KENNETH WAPNICK

lunes, 11 de mayo de 2015

EL AMADO JOFIEL



EL AMADO JOFIEL

ARCÁNGEL DE LA ILUMINACIÓN
El Gran Arcángel Jofiel es el Instructor Divino de los Ángeles de la humanidad y elementales que están deseosos de expandir su comprensión de la vida y sus beneficiosas Leyes Divinas, por las cuales se gobierna el gran universo. Esta comprensión les permite servir en una mayor capacidad y con más eficacia. Él agita los sentimientos a la aspiración de ideas espirituales, mediante la radiación de la Iluminación. Este amado Arcángel solicitó al Dios de toda vida, en el corazón del universo, la oportunidad de servir como Instructor Divino luego de haberse ganado el derecho de hacerlo al haberse aplicado durante incontables edades al estudio a la preparación.
Los Templos de Luz de Jofiel en los Niveles Internos son de un exquisito color Dorado el cual es simbólico de las actividades del Segundo Rayo. En estos Templos seres amorosos que sirven con el Señor Jofiel, instruyen a la Hueste Angélica sobre como expandir su Amor y Poderes de Luz, que los convierte en una mayor bendición para toda vida. También les enseñan a quienes están deseosos de desarrollar la cultura educacional y tales corrientes de vida son educadas por las noches en los Templos de la Iluminación, mientras sus cuerpos físicos duermen. Elementales dispuestos también son instruidos en los Templos de la Iluminación de Jofiel. El Servicio completo del Señor Jofiel es expandir la COMPRENSIÓN de cada inteligencia auto-consciente que desea tal ayuda, no importa a que reino pertenezca.
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