sábado, 7 de marzo de 2015

ÁNGELES Y METAFÍSICA: CLASE 3 (PRIMERA PARTE)

ÁNGELES Y METAFÍSICA: CLASE 3  






CLASE 3: ENCUENTRO ANGÉLICO

Debemos examinar profundamente cualquier encuentro de tipo espiritual para constatar si se trata realmente de un encuentro angélico o no. A fin de ayudar en esta evaluación quiero mencionar unos cuantos puntos que es preciso tener en cuenta.
1) Los encuentros con ángeles no nos dejan una sensación de ansiedad ni temores indefinidos.
Los ángeles son seres de luz; viven su vida plenamente en paz y en el gozo de saber que están actuando en untado de acuerdo con su naturaleza. No se limitan a presentarse ante nosotros, entregarnos su mensaje y desaparecer dejándonos con miedo y ansiedad. Por lo menos no lo hacen sin dejarnos la solución para nuestras ansiedades. Dios es la certidumbre definitiva, la afirmación de toda bondad; las inspiraciones que nos llegan de Dios, ya sea a través de sus ángeles o por cualquier otro medio, son completamente positivas y concebidas para nuestro mayor beneficio. Por supuesto, tales mensajes no son toda dulzura y luz. Pero, por muy duro que nos resulte recibirlo, siempre trae amor, siempre es positivo y claro.
Un verdadero mensaje de los ángeles nos deja con una sensación de confianza, para nada ansioso. No importa que el mensaje sea gozoso o cargado de íntima sobriedad, siempre sentiremos una gran confianza interna en el sentido de que el contenido del mensaje nos será de provecho, es adecuado para nosotros y armoniza con lo que, en lo más hondo del espíritu, sabemos qué son las cosas correctas y sinceras.
En otros casos, el mensaje podrá aumentar nuestra comprensión de lo que somos y para qué estamos en la tierra, porque nos conduce hacia lugares más profundos de nosotros mismos, en corazón y en espíritu, pero aún en un caso así, al final siempre sentimos una confianza absoluta y plena de que el mensaje es verdadero.
2) Los ángeles no nos dejan confundidos
San Pablo hizo notar que “Dios es un Dios de orden, no de confusión”. Los ángeles llegan a nosotros provenientes de Dios. ¿Sería entonces posible que Dios se tomara el “trabajo” de enviar a un mensajero celestial con capacidad para revestir la forma que se considerase necesaria para comunicarse,.. y luego se limitara a dejarnos un mensaje confuso?
No. Por supuesto, eso no quiere decir que Dios pase por alto nuestra mente humana. Lo que hemos de hacer es pensar en un mensaje angélico, actuar en consecuencia, y hacer que forme parte de nosotros antes de que podamos aprovecharlo. Sin embargo, según podemos ver, la confusión existente en nuestra sociedad y en nuestras propias vidas, no estamos viviendo del todo y a la perfección en la luz, puesto que en tal caso ya no existiría el desorden y mucho menos el caos. Cuando uno de esos mensajes está lleno de incoherencias, elaborado con señales confusas, es muy posible que haya surgido de nuestra propia mente.
3) Los ángeles no intentan obligarnos a nada.
Cuando los ángeles llegan a nosotros trayendo un mensaje, ese mensaje es de Dios; no se trata de mensajes de los propios ángeles.
Cuando recibimos un mensaje que, a nuestro entender, puede ser angélico en su origen, y tan perentorio que nos sentimos impulsados a cumplirlo sobre la marcha, o cuando consideramos que no nos queda otra elección o incluso que, en caso de no cumplir el mandato, sobrevendrá un castigo, entonces hay que dudar de que se trate de un mensaje proveniente del cielo.
Uno de los aspectos más preciados de la naturaleza humana es el libre albedrío, la capacidad de que estamos dotados para elegir según sea nuestra voluntad entre lo malo y lo bueno, o sencillamente lo que consideremos que sea más conveniente para nosotros.
Los impulsos que provienen de Dios, ya sea en forma directa o durante el transcurso de nuestra vida, están destinados a ayudarnos para que podamos hacer lo bueno, lo inteligente, y lo que contenga amor. Dios nos ha creado como seres que pueden elegir, y que se sienten satisfechos por el hecho de poder hacerlo; por lo tanto, Dios no ha de forzarnos en modo alguno, y mucho menos a través de mensajes llevados por los ángeles.
Cuando los ángeles llegan a nosotros con un mensaje que compromete nuestra mente o nuestra voluntad, siempre está destinado a dejarnos con la necesaria libertad para elegir.
4) Los mensajes angelicales llaman la atención hacia el que los envía y no hacia el mensajero.
¿Se te ha ocurrido pensar por qué razón los ángeles se presentan con más frecuencia bajo la apariencia de seres humanos comunes, para nada celestiales, criaturas apenas metidas en un cuerpo que algunas veces tenemos el privilegio de ver? Creo que es así porque no quieren que nos fijemos en ellos más de lo indispensable, sino en el mensaje que nos traen y en Aquel que lo envía.
Siempre que recibamos un mensaje que de alguna manera no nos incite a aproximarnos más a Dios – es decir, a rezarle o agradecerle, ya sea en voz alta como estableciendo una comunicación sin palabras -, será conveniente que echemos un vistazo a nuestro interior y nuestra capacidad creativa como posible fuente del mensaje.
Si la figura del mensajero aparece tan opaca entre nosotros y el mensaje (o quien nos lo envía) como para que sólo podamos verlo en él, entonces ese mensajero no es un ángel. Es necesario subrayarlo constantemente, los ángeles nunca se interponen en el camino. No quieren convertirse en el centro de nuestra atención durante más tiempo del indispensable para entregar su mensaje o hacer aquello para lo cual han sido enviados.
5) Examinar siempre los frutos de cualquier encuentro angélico o de todo mensaje que se le presente, tanto en su vida, como en la vida de los suyos
Creo que Jesús lo expuso con toda claridad cuando recordó que “por el fruto se conocerán los árboles, pues un buen árbol siempre tendrá que dar buenos frutos….” Un encuentro angelical proveniente de Dios y no de la propia imaginación siempre tiene que producir buenos frutos, resultados tangibles.
Desde luego, cuando nuestro propio anhelo de encontrar a Dios nos lleva a imaginar más de una cosa, más de lo que ofrece la realidad, también encontraremos buenos frutos. No somos troncos muertos, ni mucho menos; somos criaturas extraordinarias, hermosos seres, y tengo la certeza de que cualquiera de nosotros tiene que haber producido alguna vez un puñado de dátiles o de jugosas aceitunas. Pero si tropieza con alguna negatividad dañina – es decir, malos frutos – como resultado de un encuentro con un ángel, con toda sinceridad tengo mis dudas de que se trate de uno de esos encuentros.
6) Poner a prueba todo aquello que parezca ser un mensaje angélico pero esté en contracción con lo que tienes por cierto, sabio y pleno de luz y amor
Otra forma de poner a prueba la realidad de un encuentro angélico consiste en examinar muy a fondo el contenido del mensaje, y también lo que el portador dice y hace. Los ángeles son enviados de Dios, cuyas palabras dirigidas a nosotros siempre han de estar colmadas de luz, gozo, paz, sabiduría, amor, coraje y confianza.
Por lo tanto, las palabras que nos digan los ángeles deberán estar siempre en condiciones de conducirnos hacia un amor más grande, hacia la alegría y la confianza. Lo mismo pasa con los hechos de los ángeles, que nos conducen hacia la luz, la paz y todas las cosas buenas que provienen de Dios.
Si un ser que se aparece en una visión ordena que alguien le encienda velas todos los días, o de algún otro modo tratar de dirigir la atención del que recibe el mensaje hacia los mismos que lo traen, entonces tendremos la obligación de examinar mucho más de cerca todo lo que se relacione con la autenticidad o no del mensaje. Hemos de tener siempre en cuenta que los ángeles no atraen hacia ellos más atención de la que consideran necesaria.
7) Todo encuentro angélico nos cambia mucho o poco, pero siempre para mejor.
Siempre que Dios llega a nosotros a través de sus ángeles nos resulta imposible no cambiar de alguna manera muy sutil. Es posible que el encuentro nos sirva para despertar un interés acerca del reino espiritual que jamás habíamos tenido, o por lo menos alguna curiosidad en ese sentido.
Quizás el encuentro nos haga penar en lo afortunados que hemos sido y nos impulse a sentir más piedad y más sentido de solidaridad con los más necesitados y menos venturosos. Es posible que nos haga comprender lo valiosos que somos a los ojos del cielo, cuán maravillosos somos, qué gloriosas son todas las creaciones de Dios.
Tal vez alcancemos a oír una vocecita que nos trae la certeza de que Dios nos ama, tal como tantas veces ocurre cuando un ángel acude a rescatarnos de una situación difícil o peligrosa.
Del modo que sea, siempre hay allí un resto de gracia, como un fertilizante programado para actuar en el momento debido, destinado a permitirnos crecer. O hay encuentro con los ángeles pensado para dejarnos tal como estábamos, sea donde fuere que hayamos estado. Si no podemos crecer un poco, o por lo menos experimentar la necesidad de crecer (lo hacemos, ya que, después de todo, siempre tendremos el libre albedrío para crecer o no), ¿cómo podremos decir que nos hemos encontrado con un ángel?
Los encuentros con ángeles no pueden tener consecuencias perjudiciales para quienes nos rodean.
Esto no quiere decir que todos deban creernos cuando les hablamos de nuestros encuentros con los ángeles. Pero sí podemos confiar en que la misión angélica significa para nosotros – y para quienes nos rodean y a quienes amamos – nada más que amor y paz.
En ocasiones las reacciones de los que están junto a nosotros, en cuya buena voluntad creemos, pueden servir de mucho para ayudarnos a determinar si en realidad hemos sido tocados por un ángel. Cuando los demás le digan que está procediendo de manera ajena a su carácter habitual, y no precisamente para mejor sino más bien todo lo contrario, entonces convendría ponerse a pensar seriamente en cómo seguir la pista a sus actos hasta llegar a la experiencia. Si lo consigue, cuídese antes de atribuirlo todo a un mensajero celestial.
9) Todo ser al que podamos convocar, ya sea por medio de ritos o sin ellos, probablemente no sea un ángel.
Conviene no olvidar que los ángeles son seres soberanos, dentro de los límites marcados por su servicio hacia nosotros y para con la Divinidad. No se trata de seres a los que podemos dominar a voluntad.
Jamás podríamos convocar a un ángel para que apareciera ante nosotros y ni siquiera para que nos hablara, ya sea merced a nuestra propia energía o reuniendo a un grupo dispuesto a aunar voluntades, como tampoco utilizando artefactos tales como la tabla Guija o las cartas de Tarot.
Jamás se podrá forzar a uno de esos seres. Los propios ángeles se encargarán de hacer saber cuándo consideran que corresponde presentarse, y ellos entienden que deben hacerlo sólo cuando Dios les comunica que el momento es el adecuado.
ÁNGEL DE LA GUARDA
Cada persona en la Tierra tiene asignado un ángel de la guarda. Cada ser humano, independientemente de sus creencias, aspecto físico o condición, tiene el privilegio de poseer un ángel de la guarda. Está contigo siempre, vayas donde vayas, hagas lo que hagas. Tu ángel de la guarda ha estado siempre contigo incluso cuando decidiste venir al mundo en tu forma actual de ser humano. También recuerda y también tiene en cuenta las metas que te has marcado en la vida, y tampoco olvida las aspiraciones que yacen en tu subconsciente.
Seguro que recordarás alguna situación de peligro en tu vida de la que podrías haber salido gravemente herida y que una fuerza invisible te condujo a la salvación. Quizás no hayas tenido una experiencia así, pero habrás leído u oído de alguna similar. La mayoría de los que conducimos un auto, especialmente por las carreteras, conocemos la existencia de ángeles de la guarda. Varias veces habrás visto coches al borde de un accidente que, empujados por una extraña fuerza, han evitado una colisión en el momento preciso.
Cuando uno resulta gravemente herido y alguien acude a salvarle la vida en el instante preciso, éste último generalmente va porque “algo” le ha indicado que fuera. El ángel de la guarda del herido ha ido a buscar al ángel de la otra persona y le ha transmitido la llamada de socorro. Fundamentalmente, se sabe que los ángeles de la guarda nos vigilan y protegen en cada uno de nuestros movimientos.
¿Por qué pues no intentamos llegar a conocer a nuestro ángel de la guarda? Tu ángel de la guarda puede ayudarte de muy distintas maneras, aparte de salvarte de accidentes de coche o de daños físicos. Cultiva una profunda relación con tu ángel de la guarda. Le puedes pedir sabiduría y clarividencia en los momentos más confusos de tu vida. También puedes conseguir que tu ángel establezca contacto con los ángeles de la guarda de tus amistades para que así puedan comentar entre ellos tus relaciones.
Haz caso de tu intuición; ésta irá en aumento si estás en armonía con tu ángel. Ten en cuenta que los mensajes de advertencia y consejo que recibes de tu ángel de la guarda llegan a ti gracias al conocimiento profundo de tu intuición. ¿Has dejado alguna vez de hacer algo porque de repente has tenido la sensación de que iba a ser un error, dándote cuenta más tarde de que si lo hubieras hecho, los resultados habrían sido desastrosos?
Sé creativo con tu ángel de la guarda. En tu intimidad, compórtate como el niño que tiene un amigo y confidente invisible. A los ángeles les encanta. Se sabe que los niños ven y hablan con sus Ángeles. Esto sucede antes de que puedan expresar aquello que ven con exactitud, pero hay algunos que recuerdan cuando podían ver y hablar con su ángel de la guarda.
En determinados periodos del desarrollo de un niño sus ángeles de la guarda llaman a sus ayudantes. El ángel suele necesitar ayuda cuando el niño cumple los “terribles dos años” de edad. Después de que todo haya vuelto a su cauce (esto depende del niño), no se precisa de ayuda extra hasta que el niño pase a la adolescencia y comience a conducir. En este momento, algunos jóvenes disponen de un ejército de Ángeles de la guarda, pero la mayoría de ellos cuentan por lo menos con dos Ángeles que trabajan horas extras para protegerlos durante esta etapa tan arriesgada. A los veinte años, edad en que los jóvenes son conscientes de que no son indestructibles, la ayuda angélica ya no es tan necesaria. Más adelante en la vida la ayuda extra variará según las necesidades.
Un gran número de seres humanos sufre a lo largo de su vida y esto hace que se produzca una regresión en su crecimiento espiritual, porque se sienten profundamente desdichados. En el subconsciente de estas personas existe la idea de suicidio cuando tienen que reaccionar o tomar decisiones importantes en la vida. Los ángeles se sienten frustrados cuando deben asistir a estos infelices. Es obvio que los Ángeles no participarán de esta infelicidad. Por lo tanto éstos sólo pueden esperar a que estas personas decidan dejar de sufrir y se produzca así una transformación. Estamos dotados de libre albedrío, así que, si queremos sufrir, o creemos que esto es lo apropiado, es problema nuestro.
A veces creemos que los ángeles están de vacaciones. Algo que creemos que ni Dios ni nuestro ángel de la guarda lo permitiría, ocurre. Uno de los grandes misterios de la vida es entender por qué a personas buenas les acaecen desgracias y, en cambio, malas personas tienen suerte en la vida. Podemos elucubrar al respecto y encontrar respuestas tales como el karma y a otras tantas lecciones que debemos aprender. Pero nunca se puede responder de manera satisfactoria a la pregunta de por qué existe la injusticia en el mundo. Nuestros ángeles de la guarda nunca se van de vacaciones, pero cuanto más positivos y optimistas seamos, más fácil les será protegernos y darnos sustento.
Así pues, llénate de esperanza, confianza y fe, porque tu ángel de la guarda siempre se ocupará de ti. No te preocupes por el mañana, sé feliz por ser quien eres y da gracias a tu ángel de la guarda. Ten siempre presente que él es el mismo hoy, que ayer y que mañana. El quiere recordarte que en estos momentos estás viva y que, te guste o no, esto es un hecho.
Tu ángel te vigila y controla cada uno de tus pasos, esperando siempre un progreso. Ya sea de la desgracia a la normalidad, de la normalidad al bienestar o del bienestar a la felicidad absoluta; tu ángel siempre quiere llevarte a un escalón superior. Estará siempre a tu lado para recordarte el importante papel que juegas en este planeta tan concurrido.
La costumbre católica de recitar la oración del Ángel de la Guarda puede ayudarte a sentir la presencia de tu ángel:
Ángel de la Guarda, dulce compañía
No me desampares ni de noche ni de día.
Las horas que pasan, las horas del día,
Si tú estás conmigo serán de alegría.
No me dejes solo, sé en todo mi guía
Sin ti soy chiquito y me perdería.
Ven siempre a mi lado, tu mano en la mía,
Ángel de mi guarda, dulce compañía.
¿QUIÉN SOY YO?
Conocerse a sí mismo no es por cierto tarea sencilla, pero sí esencial, siempre que nuestro deseo sea llegar a aprender cómo ponernos en contacto con nuestros ángeles. Ellos están observándonos con muchísima más precisión que nosotros mismos. Pueden recordar cada una de nuestras aspiraciones. Esto es algo que jamás podríamos igualar, pero, en cambio, podemos y debemos tratar de recordar todo cuanto hemos hecho en este mundo. Llevar a cabo una especie de autobiografía mental.
Para preparar esas memorias, o como se las quiera llamar, tendrás que disponer de algunos momentos particularmente calificados del día o de la noche, aquellos en los cuales nuestros procesos mentales no se ven perturbados por nada y por lo mismo se muestran más activos, ya que éste será un ejercicio de la mente y la voluntad.
Elije una habitación tranquila o un espacio abierto, con tal de que allí se produzca el menor número posible de distracciones. No pongas ninguna clase de música, puesto que este ejercicio ha de ser una entrega muy seria y de total concentración. Escoge también una silla cómoda o adopta una postura recta y alerta, de ningún modo relajada ni carente de un enfoque definido.
Tómate unos minutos antes de acostumbrarte al ámbito que haya a tu alrededor, que serán aprovechados asimismo para expulsar de tu mente toda posible preocupación. A renglón seguido, deberás expresar lentamente una breve oración implorando ayuda y cooperación. Se elevará esa plegaria a la Altísima Fuente que cada no reconozca como existente fuera de nosotros, diciendo algo similar al o que sigue:
“Humildemente trato de saber de mí cuanto pueda saber: quién soy, de dónde provengo, hacia dónde voy, y qué es lo que deberé hacer en éste mi viaje por este mundo. Pido ayuda y esclarecimiento para comprender qué significa ser humano, qué significa ser yo. Doy gracias por el conocimiento e iluminación que necesito para hacer esto.”
Después, permanece sentada alrededor de un minuto y formúlate esta pregunta: “¿Quién soy?”. Y a partir de entonces empieza a contestar, con todos los detalles de que seas capaz, todas las conexiones y recuerdos posibles. No hay respuestas correctas o equivocadas; cualquier cosa que “seas” es correcta. Intenta establecer todas las relaciones, todas tus cualidades y defectos, cada experiencia pasada.
Las afirmaciones que se hagan acerca de quiénes somos tendrán que contener la mayor exactitud posible. Si se trata de una cualidad que forma parte de nuestra vida, si es una esperanza que se abriga para disfrutar durante la vida, si forma parte del pasado o del presente, todo eso también deberá mencionarse.
Cuando hayas terminado – cosa que puede demandarte horas e incluso varias sesiones por el estilo – da gracias por todo lo que eres, lo que has hecho y lo que desearías ser. Para entonces, lo más probable es que hayas expresado al menos un millar de declaraciones acerca de quién eres, y te percatarás de cuán complicado es, y con cuántas otras vidas, las vidas de otros, has tenido que ver. Tus ángeles acudirán en tu ayuda, porque es importante para ellos que tu propia autoconciencia se acreciente.
Este ejercicio sólo deberás realizarlo una vez, siempre que le concedas el tiempo y la atención que realmente merece. No obstante, podrás repetirlo en caso de que quieras agregar más detalles a tus propias apreciaciones respecto de lo que eres.
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