viernes, 22 de mayo de 2015

LIBRO LOS 50 PRINCIPIOS DEL MILAGRO (PRINCIPIO 5)




PRINCIPIO 5 Los milagros son hábitos, y deben ser involuntarios. No deben controlarse conscientemente. Los milagros seleccionados conscientemente pueden proceder de un falso asesoramiento.
Básicamente, esto significa que el propósito de Un curso en milagros es apartarnos continuamente de nuestra forma de resolver los problemas. Una de las cosas que hacemos es atacar el problema; definimos algo de cierta manera y luego tenemos respuestas para ello. Siempre estamos ocupados en eso. Todo el proceso del Curso es adiestrarnos en una forma completamente distinta de percibir los problemas y ayudarnos a que ésta se convierta en nuestra reacción inmediata. En otras palabras, por ejemplo, si estamos en una situación y alguien hace algo y de repente comenzamos a sentirnos perturbados o con ira, más y más debe convertirse en hábito que inmediatamente nos miremos introspectivamente y pidamos ayuda para cambiar nuestra percepción de esta persona o de esta situación. Eso es lo que quiere decir el Curso cuando afirma que el milagro debe ser "involuntario," que no somos nosotros quienes lo hacemos. Una de las ideas claves en Un curso en milagros que lo distingue de muchos sistemas de la Nueva Era, que tienen varias ideas similares, es que el Curso hace bien claro que no podemos lograr esto por nuestra cuenta. Escogemos los milagros, pero no somos nosotros quienes los realizamos. No pueden hacerse sin la ayuda del Espíritu Santo. Ese es el significado de "involuntario" y de que "(los milagros) no deben controlarse conscientemente." En el Capítulo 2 del texto, Jesús habla sobre la diferencia entre su dirección y su control (T-2.VI.1:3-8; 2:7-10). Nos dice que debemos entregarle todos nuestros pensamientos de miedo, nuestros pensamientos de separación, de modo que él pueda controlarlos por nosotros; entonces podrá guiarnos. Pero, repito, no debemos tratar de hacer esto por nuestra cuenta. Nosotros no estamos a cargo -él sí lo está. Nuestra meta es sanarnos lo suficientemente de modo que Jesús piense, hable y actúe a través de nosotros.
Además, el Curso no quiere decir que no tendremos problemas en el mundo, o lo que creemos que son problemas. Lo que sí significa es que podremos verlos en forma diferente. Nuestra respuesta habitual debe ser: ¿Qué puedo aprender de esto? Lo que sucede con el tiempo es que nuestro período de reacción se hace más corto en términos de cuánto nos toma corregir nuestras percepciones sobre lo que creíamos que nos perturbaba.
P: ¿Podemos usar el término alineación con Jesús?
R: Si quiere usar la palabra "alineación" sería en el sentido de que alineamos nuestros pensamientos con los suyos, en forma tal que empezamos a pensar como él. El Curso completo es un programa de adiestramiento, como lo explica al final del primer capítulo (T-1.VII.4:1). Es un curso de adiestramiento mental, una forma de adiestrarnos para que pensemos de manera absolutamente diferente de todo lo demás. Este es un sistema de pensamiento muy radical. Enseña absolutamente lo contrario de lo que el mundo cree, y enseña lo contrario de lo que muchas religiones o sistemas espirituales también creen.
Permítanme mencionarles, si no lo he hecho ya, que Un curso en milagros hace bien claro que no es el único camino, que no es la única forma de la verdad. Sólo dice que es un camino. El Curso dice de sí mismo que es una forma entre muchas miles (M-1.4:1-2). Pero es un camino específico, lo que quiere decir que no se puede combinar con nada más porque no se ajustará. Mientras más exploramos lo que dice, más reconocemos cuán radical es.


Lo que dice este principio es que no debemos confiar en nuestras propias percepciones y, por lo tanto, no debemos escoger cómo tenemos que reaccionar a lo que percibimos. Eso es lo que quiere decir "los milagros seleccionados conscientemente pueden proceder de un falso asesoramiento". Aquí se usa la palabra "milagro" en el sentido popular de los milagros como cosas que nosotros hacemos. Dice, repito, que no debemos ser nosotros los que escojamos lo que hacemos. Podemos estar frente a alguien que esté sufriendo, y podríamos apresurarnos a hacer algo para sanar o aliviar el sufrimiento de la persona, y eso finalmente puede no ser la acción más amorosa que podamos realizar. Esto podría surgir de la lástima; podría proceder de la culpa; podría proceder de nuestro sufrimiento; podría no emanar del amor. Y así lo que Jesús nos dice aquí es: "No elijan conscientemente lo que será el acto de amor. Déjenme hacerlo por ustedes." Este es un punto muy claro, y muy importante. Una tentación en la que pueden caer muchas personas que trabajan con el Curso, así como personas que están en otros caminos espirituales, es convertirse en benefactores espirituales. Por ejemplo, usted va a traer paz al mundo; usted le va a mostrar la verdad a la gente; usted va a ayudar a mitigar el sufrimiento, etc. Todo lo que hace realmente es hacer el sufrimiento real porque lo está percibiendo afuera. Tampoco se percata de que si lo ve afuera, tiene que ser únicamente porque lo ve dentro de sí mismo. Si usted percibe el dolor en otra persona, y se identifica con el dolor, sólo puede ser porque lo ve en usted mismo. Podría ser un ejemplo de reacción-formación: Siento que soy terrible y, por lo tanto, psicológicamente me defiendo de mi culpa tratando de ayudar a todos los demás, tratando de expiar mi pecado después de haberlo hecho real.
Esto no significa que usted niegue lo que ve. Si alguien se ha roto un brazo y grita de dolor, no quiere decir que usted niegue que esa persona siente dolor y que le vuelva la espalda. Lo que sí significa es que usted cambie su manera de mirar ese dolor. Usted se percata de que el verdadero dolor no procede del cuerpo; el verdadero dolor surge de la creencia en la separación que está en la mente. Si verdaderamente quiere ser un instrumento de curación, usted se une con esa persona, lo cual quiere decir, quizás, que usted se apresure a llevarla al hospital. Pero lo que realmente hace a través de la forma de su conducta es unirse con esa persona, y darse cuenta de que usted está sanando tanto como ella.
El asunto aquí es que esta no es una decisión que debemos hacer por nuestra cuenta. Muchas veces cuando tratamos de ayudar, realmente hacemos otra cosa, que a menudo es una extensión de nuestra propia culpa. La lástima no es una respuesta amorosa, la conmiseración no es una respuesta amorosa. Lo ve a usted distinto a la otra persona. En el Capítulo 16, el Curso establece una distinción entre la falsa y la verdadera empatía (T-16.I). La falsa empatía es identificarse o empatizar con el cuerpo de la otra persona -bien sea que hablemos del cuerpo físico o del cuerpo psicológico- lo cual significa que usted hace débil a esa persona al hacer el cuerpo real. La verdadera empatía es identificarse con la fortaleza de Cristo en la persona, al percatarse de que el pedido de ayuda de esa persona es el suyo y, por lo tanto, ambos están unidos más allá del cuerpo.
Recuerden, el problema clave que hay que vigilar es cualquier cosa que refuerce la separación. Es por eso que el parecer del Curso acerca de la curación es tan diferente al de otros caminos. La curación no es algo que alguien hace. La verdadera curación, como la ve Un curso en milagros, no proviene de rezar determinada oración, o de una imposición de manos, o de darle energía a alguien, o de algo por el estilo. Si así fuera, usted estaría haciendo real algo del cuerpo y estaría diciendo que usted posee un don que nadie más posee. Eso no es curación. Esto no quiere decir que estos enfoques no puedan ser útiles, ni quiere decir que no deban usarse. Lo que esto significa es que no se deben llamar curación, porque entonces se estaría reforzando la separación. Muy sutilmente, se estaría haciendo real al cuerpo.
La única verdadera energía en este mundo es el Espíritu Santo. Cualquier otra cosa es falsa energía, y realmente es del ego, del cuerpo. La "energía sanadora del mundo" es el perdón, el cual procede del Espíritu Santo en nuestras mentes. Cualquier otra forma de energía puede tener relevancia, existencia, y realidad dentro del mundo del cuerpo, pero ese mundo del cuerpo es inherentemente ilusorio. No es de eso que habla el Curso en términos de curación. Este habla únicamente de la unión con el Espíritu Santo en nuestra mente al compartir Su percepción, y de ese modo unirnos con los demás.


Repito, no somos nosotros quienes podemos elegir qué debemos hacer y qué no debemos hacer. El es el Único Que escoge la expresión del milagro. Luego lo extiende a través de nosotros. Más adelante, el texto amplía este punto, y dice que nuestro único interés es entregarle nuestros egos al Espíritu Santo; extender el perdón no es responsabilidad nuestra (T-22.VI.9:2-5). Es ahí donde nos equivocamos. Tratamos de extender el milagro por nuestra cuenta, lo cual parece ser la acción amorosa o santa. Lo que hacemos sutilmente es permitir que la arrogancia del ego asuma el papel de Dios. Nuestra responsabilidad es sencillamente pedir ayuda para ver algo en la forma que Jesús lo ve en lugar de verlo como lo ve el ego. Esa es nuestra única responsabilidad. Eso es lo que constituye el milagro. Luego él extiende ese milagro a través de nosotros y nos dice específicamente lo que debemos o lo que no debemos hacer.
Es por eso que a menudo hay tanto juicio e intolerancia entre los caminos religiosos y espirituales. La culpa jamás se perdonó en verdad, sino que simplemente se reprimió y luego se proyectó en la forma de una falsa santurronería religiosa. Recuerdo un ejemplo al efecto de hace muchos años, que ocurrió poco tiempo después de que se publicara Un curso en milagros. Conocimos a un hombre que había preparado una amplia gráfica de las correcciones que el Curso le hace a la Biblia y que él estaba a punto de presentarle a varios ministros que conocía, para mostrarles lo que realmente enseñó Jesús. Básicamente lo que hacía era darle por la cabeza con el Curso a las iglesias que le habían dado por la cabeza a él con la Biblia. Afortunadamente pudimos detenerlo a tiempo. Todo el asunto es que debemos estar susceptibles a lo que pasa en nuestras mentes, estar atentos a cualquier cosa en nuestro pensamiento que pueda causar que nos separemos de los demás, y reconocer que ese tiene que ser nuestro ego. Siempre debemos ser cautelosos de no juzgar de acuerdo con la forma, la cual, por supuesto, es la única manera de juzgar del ego. Mas es cierto, sin embargo, que en el mundo ilusorio alguna gente está más adelantada que otra -Jesús es el ejemplo extremo no obstante, siempre debemos ser cuidadosos al juzgar.
P: Yo encuentro esto muy difícil. Como enfermera, se espera que yo responda ante el dolor y el sufrimiento, y ruego que en situaciones de emergencia yo pueda hacer lo que es debido.
R: Básicamente, es de eso que estoy hablando. Esto no significa, dicho sea de paso, que si usted es enfermera y alguien llega desangrándose usted diga: "Ah, aguarde un momento; tengo que salir a meditar y a preguntar qué debo hacer." En realidad eso no es amoroso. Básicamente, usted presume que quiere hacer lo que es correcto; quiere que Jesús actúe a través de usted y luego usted actúa. Si yo estoy atendiendo a alguien en mi oficina, no me detengo cada quince minutos y digo: "Aguarde, tengo que asesorarme con el Jefe antes de decirle a usted qué hacer o qué creo". Yo sólo naturalmente confío que mis reacciones o lo que digo proceden de Jesús más bien que de mi ego. Lo que trato de hacer entonces, es vigilar siempre mis emociones y pensamientos, de manera que si detecto algo que yo sé que procede de mi ego y no de Jesús, de inmediato pido ayuda para quitarlo de en medio. No me concentro en qué debo decir, porque si lo hiciera siempre estaría equivocando mis palabras y no podría decir nada. Mi centro de interés no es lo que digo, sino quitarme yo de en medio.
P: Ese es el problema con la imposición de manos y la oración por alguien que padece una enfermedad.
R: Eso no significa que no deba hacerlo…
P: ¿Es eso reforzar, no obstante?
R: No. Depende de por qué lo hace. En otras palabras, si considera que puede ayudar a las personas a través de imponerle las manos, entonces no hay nada erróneo en eso en tanto usted comprenda que esa es sólo una forma a través de la cual el Espíritu Santo la une a usted con otra persona, y que la curación no proviene de la imposición de manos. Quiero decir, ¿qué tal si sus manos están rotas o si usted se convierte en una cuadraplégica? ¿Significa eso que no puede curar? No, no se trata de la forma; sino del significado que se le da a la misma. Permítanme leer algo de la sección La curación como liberación del miedo (T 2.IV), que habla específicamente sobre la diferencia entre magia y curación. Cualquier cosa que se relacione con el cuerpo es magia. Cualquier cosa que hagamos en este nivel para ayudar a resolver un problema es magia porque equivale a ver el problema en el cuerpo, y luego aplicar el remedio al cuerpo. Esto aplica por igual a la medicina tradicional, a las formas de medicina de la Nueva Era, a la imposición de manos o a decir oraciones. Todas son parte de la magia o son formas de magia. Pero luego dice que esto no significa que sean pecaminosas. "El valor de la Expiación no reside en la manera en que ésta se expresa" (T2.IV 5:1). "La Expiación," de la cual hablaremos más adelante, es la palabra que utiliza el Curso para referirse a la corrección del ego, lo que significa que el principio de Expiación se refiere a la unión, ya que el ego se basa en la separación. Lo que estamos diciendo es que el valor de la Expiación, el principio de la unión, no radica en la manera en que se expresa. "De hecho, si se usa acertadamente, será expresada inevitablemente en la forma que le resulte más beneficiosa a aquel que la va a recibir. Esto quiere decir que para que un milagro sea lo más eficaz posible, tiene que ser expresado en un idioma que el que lo ha de recibir pueda entender sin miedo" (T-2.IV.5:2-3).
Si la gente viene donde usted y cree que con la imposición de sus manos se puede sanar, entonces, por supuesto que usted debe hacerlo. Es como si yo acudiera a un cirujano y creyera que al éste abrir mi cuerpo y extirpar esto o aquello me sentiré mejor, entonces, claro que debo hacerlo. Si la gente cree que al usted usar una oración específica la va a ayudar, por supuesto que debe hacerlo. Pero lo que el Curso diría es sólo que reconozca que lo que usted hace no tiene nada que ver con la forma, ya que ésta limita. Con lo que sí tiene que ver es con el significado subyacente de lo que usted hace: unirse con las personas. Como dice este pasaje, al Espíritu Santo no le importa la forma en que usted se une con los demás. Puesto que vivimos en un mundo de símbolos y puesto que vivimos en un mundo de cuerpos, tenemos que utilizar los símbolos y tenemos que utilizar nuestros cuerpos. Como dice en "El canto de la oración" (un folleto posterior al Curso, del cual Helen fue escriba): es un error creer que usted tiene unos dones de curación que otras personas, tales como los sanadores espirituales y los médicos, no tienen (pág. 17-18; S-3.III.1-3).
Esto no significa que usted deje de hacer lo que hace. Probablemente, eso no es lo que el Espíritu Santo le pediría. Todo lo que El le diría es que deje de pensar que la forma de lo que usted hace tiene propiedades curativas de clase alguna, porque una vez lo crea estará diciendo que en este mundo existe algo que es real; que la palabra tiene poder. No puede haber ningún poder en una palabra. Esta es fabricada. Como dije antes, el Curso dice que "las palabras son símbolos de símbolos. Por lo tanto, están doblemente alejadas de la realidad" (M-21.1:9-10).
Krishnamurti elaboró una manera muy ingeniosa de plantearnos este asunto. El dijo que si usted quiere convertir algo en un objeto sagrado, haga un pequeño experimento. Se coloca cualquier objeto sobre la repisa de la chimenea, y diariamente por espacio de treinta días uno se presenta ante el mismo. Le pone incienso y flores alrededor y dice una frase breve. Podría ser "Shalom"; podría ser "Coca Cola"; o podría ser cualquier mantra que sea su favorito. Al cabo de treinta días, ese objeto se habrá convertido en algo sagrado para usted, no porque haya ninguna santidad inherente en el objeto, sino porque usted le ha adjudicado esa santidad al creer que éste es sagrado.
He ahí la razón por la cual esta idea es tan importante en el sistema de pensamiento del Curso. No existe absolutamente nada en este mundo que posea santidad alguna, porque en este mundo no hay nada. Todo es producto de lo que hay en nuestra mente. Si creemos que algo es santo, entonces eso se tornará santo para nosotros. Si sentimos que hay cierto poder que proviene de alguna persona o de alguna cosa en el mundo, es porque nosotros le atribuimos ese poder. Hay un solo poder en este mundo, y ese poder universal es el poder del Cristo que radica en nuestro interior. Todos compartimos ese poder por igual. Una vez creemos que en este mundo hay unas cosas que son más santas o más poderosas que otras, o que cierta gente es más santa o más poderosa que otra, afirmamos que existe una jerarquía de ilusiones. Esa, repito, es la primera ley de caos (T-23.II.2:3).
Esa es la razón por la cual es la primera ley de caos, porque todas las leyes se apoyan en ella. Esto también aplica a Un curso en milagros. Lo único santo acerca de este libro es que puede acercarnos más a Dios, pero lo mismo podría decirse de cualquier otra cosa. El libro de por sí no es inherentemente santo. A veces las personas se acercan a este libro con reverencia y casi se arrodillan ante el mismo, y lo sienten y lo tocan. No hay nada erróneo en eso. A veces eso hasta parece algo tierno, pero lo que hacen es proyectar sobre el libro algo que está en su mente.
No hay nada en este mundo, el mundo de la forma, que tenga significado. Ese es el propósito de las primeras lecciones en el libro de ejercicios, las cuales afirman que en este mundo nada tiene significado. Lo que realmente dicen es que el único significado que puede tener algo es el que usted le adjudica. Si es el ego en usted el que le adjudica significado, entonces no tiene ninguno. Si es el Espíritu Santo en usted el que le otorga significado, entonces sí lo tiene. Repito, eso no quiere decir que usted deba renunciar a cualesquiera formas específicas que funcionen para usted en este mundo. Eso no es lo que dice Un curso en milagros. Todo lo que dice es: advierta que la única razón por la cual la forma funciona es porque usted cree en ella; y por lo tanto, esa puede ser la forma que Jesús o el Espíritu Santo use para ayudarle a reconocer cuál es la verdadera Fuente de todo significado, que es Dios. Eso es lo que hace el milagro -cambia la creencia equivocada del ego de que existe algo real afuera, bien sea un problema o su solución, y nos enseña que lo único real es el uso que le damos, y ese proviene de Dios. Todo lo que hay en el mundo, entonces, puede utilizarse para acercarnos a Él.
P: Necesito que me aclare eso.
R: Es muy fácil irse por la tangente en este asunto. Mucha gente trabaja con Un curso en milagros y malinterpreta lo que éste dice. Decir que la magia no cura no es decir que la magia sea mala, o que la magia sea pecaminosa. En este mundo no se puede evitar la magia. Magia es cualquier cosa en el nivel del mundo. Este Curso, por lo tanto, es magia. Lo que lo convierte en un milagro es el uso que usted le dé.
P: El atardecer, el amanecer, y usted, ¿no son reales? ¿No son creación de Dios?


R: No. Lo único real acerca de un atardecer es que el Espíritu Santo lo puede usar como una forma de ayudarle a usted a acercarse a Dios. Pero el atardecer en sí es inherentemente ilusorio. ¿Qué hace el atardecer? ¿Los colores? Dios no creó el atardecer, ni el sol, ni el mundo. La enseñanza básica del Curso es que el ego hizo el mundo. Nosotros lo pusimos ahí. Algunas cosas las hicimos bastante bien. Hicimos muy bien los atardeceres y los amaneceres; no hicimos muy bien los soles abrasadores que matan a la gente. Hicimos bien las suaves lluvias que hacen brotar la hierba; pero realmente fallamos con los huracanes y las inundaciones. Todo en este mundo es una espada de doble filo, como usted ve, lo cual el Curso enseña que es como usted sabe que Dios no pudo haber creado esto.
Básicamente, el principio es que Dios, por ser espíritu, sólo podía extender o crear lo que es como Él. El no pudo haber creado el cuerpo o la forma que no son como Él. Eso provino del ego: el cuerpo es la proyección del pensamiento de que estamos separados.
P: ¿Había ego antes del cuerpo?
R: Sí. Había un pensamiento de separación y una creencia de que podíamos estar separados de Dios. Eso es el ego. Cuando el pensamiento de separación se proyectó fuera de la mente, surgieron el mundo y el cuerpo.
LOS 50 PRINCIPIOS
DEL MILAGRO
DE UN CURSO EN MILAGROS.
KENNETH WAPNICK
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...