domingo, 1 de mayo de 2016

La Obra Creativa Hombre-Deva (V.B. Anglada )



V.B. Anglada
El Reino Dévico. III
 
* La Liberación del Ángel Solar.

La liberación constituye la más grande aportación humana al misterio de perpetuación de la vida, cuya expresión esencial es el movimiento incesante de renovación que está en la base de la evolución de la propia vida de Dios en todas y cada una de las formas creadas con la sustancia de los cuatro elementos. 

Queda un hecho principal a dilucidar con respecto a la vida del Ángel Solar, una vez el fuego de la liberación ha destruido el cuerpo causal que fue a través de las edades su morada transitoria.

Siguiendo la luz purísima de las estrellas que cantan al unísono la gloria de la Divinidad, se hace referencia aquí a un ciclo especial de fuego regido por aspectos estelares desconocidos todavía por la ciencia astrológica actual. Ve nuevamente el ángel el camino que conduce a su verdadera morada, oye nuevamente la palabra paterna y lleno de amor indescriptible retorna al Nirvana. El Nirvana tiene un significado total de unión con Dios y es el estado típico de liberación. El Adepto, la Mónada y el Ángel Solar se hallan fundidos en este mar de fuego de liberación del cual no puede hablarse por carecer el lenguaje humano de formas posibles de transcripción.

Podríamos decir, sin embargo, que se trata del Corazón de Dios, de donde brotan las corrientes de amor que dan vida al Universo. Es precisamente del Corazón de Dios, del Nirvana divino, de donde proceden los Ángeles Solares, es también el Nirvana el estado de conciencia de los Adeptos, cuya Mónada o esencia espiritual tiene allí permanentemente su morada.

La actividad de los Ángeles Solares, de aquellos que edad tras edad se sacrifican en bien de todas las humanidades, y no solamente de la humanidad terrestre, constituye desde siempre el más apasionante y descriptivo testimonio de gracia de la Divinidad, que jamás deja huérfanos de ayuda a aquellos que suspiran por la liberación, (por) su retorno al hogar paterno una vez finalizada su misión de intermediarios entre los seres humanos y su vida espiritual más elevada; es decir, entre el pequeño punto de conciencia que es el alma en encarnación física que da vida a la personalidad en los tres mundos, y la Mónada espiritual, que es el nexo de la unión con Dios. 

No significa el descanso absoluto en el Nirvana sino únicamente la libertad de movimiento, cuyo gozo es indescriptible, producido por la rotura de los lazos que los mantenían unidos voluntariamente a la vida mística de los hombres, del Alma en los tres mundos. La actividad natural de los Ángeles Solares, y aun de muchos Adeptos de la cadena terrestre que alcanzaron la liberación en este universo actual, es perpetuar la gloria de Dios de ciclo en ciclo, inundando la vida oculta de la naturaleza con los radiantes estímulos y potentísimas energías que proceden del Corazón de Dios y son en nuestro universo el vehículo de liberación de todo su contenido. Un indicio de esta verdad es evidente cuando en algunos tratados místicos o religiosos se dice que sólo por el Amor será salvado o redimido el hombre. El Amor es el único agente de liberación en el universo en donde vivimos, nos movemos y tenemos el ser.

La actividad de todos los Rayos que evolucionan o se manifiestan cíclicamente en nuestro universo está condicionada por esta ley de Amor que constituye la esencia de nuestro Logos Solar. Son únicamente agentes de la razón principal que motivó un día el nacimiento del Universo, el Amor, y que continuará actuando como ley en tanto que el Universo perdure como tal. Una vez finalizado el Día de Brahma, cuando Dios sienta el sueño y penetre en el reposo a que este día de actividad le ha hecho acreedor, cuando la calma del Pralaya suma toda la creación en el silencio, en la nada, todavía en los profundos e ignorados repliegues de esta calma, de esta inactividad absoluta, el dinamismo del Amor continuará imperando, preparando todo el contenido memorial del extinguido Universo para otra obra de más elevadas y de más sutiles cualidades y proporciones que será realizada utilizando el marco siempre abierto de los espacios infinitos y el poder eternamente despierto de la voluntad creadora.


* Algunas consideraciones esotéricas.

El éter es la sangre de los dioses; a través del mismo y tal como puede leerse en el Libro de los Iniciados, los dioses cabalgan sobre unos rayos más rápidos que los de la luz. 

La luz, otro misterio a desarrollar, vinculada con la expresión de la energía ígnea que produce la vida entre los mundos, tiene otras dimensiones y adopta características distintas de acuerdo con la evolución de la vida y conciencia de aquellas gloriosas potestades que llenan el cosmos absoluto de sistemas planetarios en movimiento. El movimiento y la luz son inseparables. La velocidad, regida por el tiempo, llega a unos extremos límites en lo que a capacidad perceptiva del ser humano se refiere cuando rebasa la de la luz solar, pero si nos atenemos a nuestros estudios esotéricos y consideramos que nuestro Universo, con su Sol central, sus planetas y sus distintos planos de evolución sólo es el cuerpo físico de un Logos Cósmico, podremos imaginar empleando la analogía, la naturaleza de la luz tal como podría expresarse, por ejemplo, en el plano búdico del sistema cósmico.

Los seres privilegiados que han logrado experimentar la conciencia búdica correspondiente a nuestro pequeño esquema planetario y gozan del indescriptible sentimiento de unidad con el conjunto universal, podrían hablarnos del aspecto luz dentro de una medida, un esplendor y una irradiación que escapan a todo razonamiento, ya que la grandeza de la experiencia trasciende la capacidad descriptiva de nuestra pequeña mente. La naturaleza de la luz dentro de la conciencia búdica del cosmos, o cuerpo búdico del Logos Cósmico, que utiliza todo el conjunto universal en el que vivimos, nos movemos y tenemos el ser sólo como su cuerpo físico de expresión, ha de apelar forzosamente a la más exaltada imaginación que podamos desarrollar, y emplear luego la lógica de la analogía.

Luz, Amor y Poder, palabras claves del sistema planetario que nos sirve de morada, pueden adoptar ahora un nuevo significado. Este significado puede abrir ante nuestra mirada inquisitiva nuevos horizontes, nuevos hemisferios ocupados por nuevas y más esplendentes verdades. 

Por esta infinita panorámica, sin meta posible de culminación ni posible punto de llegada podremos un día vincularnos con el aspecto vida infundida en toda cosa creada. 
Participamos, entonces, pese a nuestra infinita pequeñez, del destino kármico de los dioses, y consideramos el sacrificio por el bien del conjunto como el único sentido de aquella vida cuyo fuego arde por doquier. En los extremos límite de tales tensiones, en las que oleadas cada vez más tumultuosas de vida penetran en nuestro ser, van sucediéndose dentro de nosotros las iniciaciones, es decir, conciencia cada vez más intensa y apercibida del movimiento de la vida.


Extracto de Conferencia
VICENTE BELTRÁN ANGLADA
Barcelona, 2 de Diciembre de 1975
Digitalizada por el Grupo de Transcripción de Conferencias (G.T.C.) el 21 de Agosto de 2006
 
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