miércoles, 24 de junio de 2015

EL ÁNGEL DEL VALOR Y LA PERSEVERANCIA



A veces sentimos una necesidad espiritual de liberarnos del control del ego y las compulsiones espirituales – relacionadas con la liberación de la aprisionada abundancia, para que pueda venir la paz. Cuando examinamos el verdadero significado del valor y la perseverancia, comprenderemos más claramente lo que esto quiere decir.
“¡Anímate!” – “¡Ten Valor!” – Esta exhortación, que aparecer en Hechos de los Apóstoles (23:11) y que tiene aplicación universal, es de suma importancia para nuestro viaje hacia la cima de la montaña. Pero esta frase que nos alienta a tener valor es a menudo mucho más fácil de decir que de poner en práctica, debido a que es posible que no sepamos qué significan realmente estas palabras. Coraje – ánimo, valor – proviene del latín y quiere decir “tener razón”. A su vez, corazón deriva del vocablo credo, que es la raíz de una familia de palabras y significa “creer en un principio”. De modo que “tener coraje” – “animarse”, “tener valor” – significa que debemos ser audaces, osados e intrépidos y que nuestros corazones deben estar impregnados con la creencia inquebrantable en un principio. Pero, y esta es la principal excepción, el principio en el que debemos creer tiene que ser una ley espiritual, pues, de otro modo, corremos el riesgo de que un sentimiento completamente opuesto al valor pueda llegar a manifestarse en nuestras vidas.
Y vos, ¿en qué crees sinceramente? Ese punto que están contemplando y examinando la mayor parte de tu tiempo, ese punto en el que tu atención está concentrada casi exclusivamente, ese es el punto hacia el que apuntan tus creencias. Por ejemplo, si estás excesivamente preocupada por tu seguridad y protección, eso quiere decir que creen en la ley del riesgo y del azar – o sea en un universo “no protector” – y eso es lo que realmente estás obteniendo. Si otorgas en tu vida más importancia a las carencias que a la abundancia, te olvidas de la sustancia invisible y omnipresente y crees que estás viendo la verdad, cuando lo que está ante tuyo es sólo la punta del iceberg, quiere decir que crees en una ley de insuficiencia. Entonces, tu corazón ha de expresar el miedo y la aprensión – o sea los antónimos del valor y el coraje – que están proyectándose en tu vida de acuerdo con los patrones que limitan tu conciencia.
¿Qué es lo que ves en tu mundo? ¿En qué está concentrada tu atención? ¿Hacia dónde estás mirando? Siempre seguimos nuestra visión, siempre marchamos hacia la imagen que predomina en nuestras mentes; siempre perseguimos las emociones que tiran de nuestro corazón; siempre nos convertimos en lo que contemplamos. ¡Así es la ley! Si nos sentimos enfermos, influimos sobre nuestro cuerpo y comenzamos a experimentar los signos de la enfermedad, mirando hacia abajo y viendo sólo el dolor y la enfermedad.
Si en cambio estamos atravesando por algún conflicto en nuestro hogar, o en nuestro lugar de trabajo, nuestras mentes se concentran en esa energía y somos empujados hacia la ira y el caos. Si nos sentimos solitarios, ingresamos más profundamente en las sombras y caemos en una depresión aún más intensa. Si experimentamos una sensación de insatisfacción y de que no lograremos alcanzar nuestros objetivos, es casi seguro que recorreremos la vía que lleva directamente a la estación del desempleo.
“Animarse” – o “tener valor” – significa mirar hacia arriba y seguir nuestra visión superior, hasta llegar a la cima de la montaña. Es creer en Dios y creer en nuestro Maestro, el Yo Superior que nos habita – nuestro gran proveedor y nuestro gran protector, aquel que siempre ha de curarnos, ese ser esencial que siempre está trabajando y que nos dice: “Sígueme, no temas, ven hasta mí, anímate, aprende de mí, no tengas miedo, siempre estoy contigo”-. La visión superior consiste en ver la Verdad con el ojo interior y seguir viéndola incluso cuando “las montañas tiemblen y se tambaleen”. Damos todo al Más Alto que está en nosotros y de ahora en más confiamos en ese Yo con todas nuestras fuerzas. En esto consiste el hacer que “tu corazón permanezca” en el Espíritu, que es quien nos da el valor y el coraje para caminar con confianza y penetrar en la guarida de los leones.
Utiliza tu valor ahora mismo para apartar la mirada de las apariencias y elevarla hacia la Verdad. De una manera u otra, desde que nacimos nos han enseñado a mantener los ojos fijos en la tierra, para que podamos evitar los baches y para que podamos ver todas las curvas de sinuoso camino de la vida. Se nos ha dicho que seamos cuidadosos, que no confiemos en los extraños, que seamos conscientes de nuestra seguridad, que cuidemos nuestra salud, que nos adecuemos, que no hagamos olas, que no corramos riesgos y aceptemos desafíos, que seamos populares…. Estamos programados con tantos deberíamos y no deberíamos que muchos de nosotros nos hacemos adultos corriendo en círculos, tratando de encontrar la forma de salir de ese laberinto.
Y entonces, un día, vemos que una pequeña luz aparece en nuestra conciencia, representando el primer escalón de nuestro proceso de despertar – y nos volvemos hacia nuestra mente, creyendo que allí está la clave para obtener la libertad. Nos volvemos mentalistas para encontrar un lugar donde estacionar el automóvil, luego nos lanzamos a enunciar una verdadera colección de proyectos, demostraciones y razonamientos que resultarían perfectamente adecuados para charlar en un cocktail – party, y después evitamos a esas mismas personas pues no tenemos ganas de explicar cómo fue que todas nuestras pretensiones y suposiciones no trajeron los resultados esperados.
Y así nuestro valor cotidiano va decayendo poco a poco, debido a que nuestros corazones no están enfocados en principios espirituales – las leyes universales que podrían darnos la audacia y la intrepidez que necesitamos para atravesar las aguas turbulentas sin experimentar ninguna clase de preocupación. Pero, de una forma u otra, seguimos avanzando hacia la estrella lejana y, al mirar hacia atrás, comprendemos que la clave estaba en la perseverancia.
Y luego alcanzamos otro estadio de nuestro desarrollo espiritual. Cuando comenzamos a utilizar y aprovechar la conciencia de la cuarta dimensión, nuestro mundo tridimensional parece caerse a pedazos, pues nuestras viejas y falsas creencias y nuestros patrones erróneos empiezan a salir a la superficie para ser transmutados. La batalla continúa pero, al comprometernos con un nivel superior de vida, un Poder Causal se ha puesto en acción en nuestra conciencia, para hacer de nosotros verdaderos guerreros espirituales y para darnos la audacia y la determinación necesarias para seguir avanzando hacia la victoria. Vayamos al encuentro de este Agente de la Fuerza Cósmica que ahora está operando en nuestro campo de energía.
El Ángel del Valor y la Perseverancia nos proporciona el Poder del verdadero coraje y la energía de la estabilidad y la constancia para vivir la Verdad del Ser independientemente del combate y de los conflictos que se están librando a nuestro alrededor. Si la energía de este Ángel se encuentra bloqueada, el individuo es fácil presa de la ira y puede volverse muy agresivo y susceptible, reaccionando, por lo general, ante los motivos más nimios. El bloqueo puede ser creado por la incapacidad de adaptarse a nuevas condiciones y por el hábito de juzgar por las apariencias. En el caso de las personas más sensibles, la percepción del dolor y el sufrimiento del mundo y una equivocada utilización de la empatía pueden contribuir a impedir el flujo de esta energía.
En muchas academias sagradas, el Iniciador que asumía el rol de este arquetipo recibía el nombre de Ares o Marte, y su papel consistía en hacer que su “fuego del cielo” descendiera sobre los estudiantes y los liberara del control de sus personalidades. El proceso se basaba en incitar a una rebelión en la conciencia por medio de una gran estimulación de la naturaleza inferior – es decir, literalmente, en provocar una confrontación entre la personalidad y lo que el individuo percibía que era su Yo Superior -. A través de este verdadero combate entre valores diferentes, el estudiante comprendía que el camino superior era el único que valía la pena recorrer y que la naturaleza inferior tenía que ser entregada al fuego de la purificación final.
Y tú… ¿cuántas veces has pasado por esta iniciación? Sabes muy bien las cosas correctas que tienes que hacer, pero el camino que se abre a tu izquierda parece ofrecerte un arreglo más rápido, una salida más fácil, y la excitación del momento te quita la capacidad de evaluar las posibles consecuencias negativas. Y, una vez más, la batalla vuelve a comenzar. Ideas como “tengo derechos a vivir mi propia vida”, o “el fin justifica los medios”, nos proporcionan las municiones para alimentar los cañones del deseo.
Luego, los sentimientos anticipados de culpa, incluso a nivel subconsciente, producen ira que se descarga sobre la imagen de autoridad que tenemos más próxima – El Espíritu de Dios que mora en nuestro interior y que nos habla con la voz de la conciencia – y que luego es proyectada hacia fuera, para caer sobre cualquier forma física que ha cometido el error de apretar el botón equivocado. El maestro tibetano Djwahl Khul dijo que, en estas situaciones, el discípulo debe “hacer que su naturaleza física, su naturaleza emocional o sus deseos y sus procesos mentales se eleven hasta el cielo. Esto se produce como consecuencia de hacer que la ‘serpiente del mal’ sea derrotada por al ‘serpiente de la sabiduría’ – el nombre esotérico del alma-”. La Energía del Ángel del Valor y la Perseverancia es la que nos proporciona la capacidad necesaria para hacer que nuestra naturaleza inferior se eleve hacia lo alto.
También hay momentos en que, si bien sabemos qué es lo correcto que debemos hacer y tenemos deseos de hacerlo, la falta de valor nos paraliza y nos mantiene en una condición de pasividad. Tal vez se trate del miedo a que alguien nos hiera o el creer que si nos desentendemos de la situación, ésta ha de resolverse sola. Pero este Ángel trabaja el nombre del Señor y si la intención es correcta y apunta hacia el bien de todos, su energía continuará empujándonos, acicateándonos e incitándonos hasta que, finalmente, asumimos el compromiso de ponernos en acción. Con este compromiso llega también el valor para seguir adelante.
Por ejemplo, puede estimular la pasión y hacernos aceptar una actitud casi militante para que comprobemos la realidad espiritual y, por lo general, es en ese momento que tiene lugar unas de las principales batallas contra el ego. También puede hacer que las personas más vulnerables sean empujadas hacia el idealismo fanático y que se vean envueltas en horribles conflictos, pero la intención positiva es siempre la de liberar al individuo del control del ego y dotarlo del corazón y valor necesarios para continuar su marcha hacia la Luz. Cuando llega el momento en que se hace necesaria una purificación, la persona recibe el “estallido de una clara visión”, la torre de ignorancia es alcanzada por el relámpago de la Verdad, y el proceso de despertar experimenta una aceleración mayor que todas las que pueda haber tenido anteriormente.
Finalidad: Suministrar la energía de la tenacidad y constancia – el valor de vivir sólo la Verdad del Ser y de perseverar en esa conciencia, independientemente de lo que pase a su alrededor.
Rasgos negativos que pueden presentarse a partir de las proyecciones del ego: persona irascible, fácilmente irritable; conciencia llena de resentimiento y de hostilidad.
Su energía resulta bloqueada debido a: la percepción del dolor y el sufrimiento de los individuos y del mundo, una utilización equivocada de la empatía y el considerar reales a las apariencias, lo que lleva al aspirante a colocarse “del lado del que sufre”.


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